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jueves, 19 de abril de 2012

La habilidad de leer y comprender

Distintas técnicas para comprender

Al momento de leer...
Como hemos señalado, para comprender de mejor forma lo que has leído, es necesario que te esfuerces. Algunas personas lo lograrán con poco esfuerzo; otras, con mucho. Para todos, entregamos aquí algunas técnicas que pueden ayudar.

El vocabulario
Como primera medida, es necesario tener en cuenta que difícilmente se puede comprender el sentido global de un escrito cuando no se entienden sus partes, vale decir, todas y cada una de las palabras que lo componen.
Por eso te será de mucha utilidad que en el mismo momento de leer, vayas despejando las dudas sobre aquellas palabras que te resulten incomprensibles.
Una de las formas posibles es escribir el significado de la palabra desconocida en el mismo libro, ya sea sobre la palabra o en el margen de la página, con lápiz grafito. Si el libro pertenece a una biblioteca, preocúpate de borrar tus anotaciones antes de devolverlo.

Hoja de vocabulario
Otra posibilidad es llevar una hoja de vocabulario, que puedes mantener siempre dentro del libro, afirmada con un clip.
La idea es que si la palabra vuelve a aparecer, o si debes releer algunas partes, no te distraigas para encontrar el vocabulario.
Ahora, la forma de conocer el significado de la palabra desconocida es sencilla: recurrir al diccionario. Preferentemente, al de sinónimos, ya que eso te permite reemplazar la palabra desconocida por otra conocida sin interrumpir tan bruscamente la lectura. Sin embargo, puede ocurrir que en algunas oportunidades te encuentres con palabras que en un primer momento no entiendas, pero cuyo significado puede deducirse del resto de la oración. En esos casos conviene escribir algún sinónimo como ayuda-memoria de lo que dicha palabra significa.
 
El subrayado
Se trata simplemente de subrayar con un lápiz grafito las ideas más importantes que se van encontrando al leer. Es necesario ser muy selectivo, ya que de nada sirve ir leyendo y subrayándolo todo. Además, es aconsejable que el subrayado responda a algún criterio; por ejemplo, en un texto informativo, subrayar de tal manera que después sea posible leer solo lo que está subrayado, y aún así entender el texto. En un texto literario, se puede subrayar con distintos colores, según las necesidades. Por ejemplo, un color para destacar la aparición de personajes y su descripción, y otro para los acontecimientos que se describen.


Técnicas para reforzar la comprensión

Después de leer...

Es fácil darse cuenta cuando no se ha entendido lo que se ha leído. Pero, cuando hemos creído entender, es posible que descubramos que en realidad no habíamos comprendido todo lo bien que creímos en un principio.

Es por eso que existen ciertas técnicas, que nos permitirán organizar lo que hemos leído, con el fin de entenderlo mejor, y a la vez, de comprobar que hemos efectivamente comprendiendo. Ahora bien, no todas las técnicas son aplicables a todos los tipos de texto escrito: algunas servirán únicamente para textos informativos y otras son útiles para el estudio y la comprensión de textos literarios.

El esquema

Técnicas que se aplica más a textos informativos, ya que se trata de un método para organizar en forma lógica y fácilmente visible, las ideas o informaciones contenidas en un texto.
Sin embargo, hay muchos textos literarios que pueden ser esquematizados, ya sea en su totalidad o solo alguna parte de ellos. Por ejemplo, es muy difícil realizar un esquema de una poesía, pero podemos construir uno para graficar las figuras literarias presentes en él.
Dado que el esquema debe ser fácilmente visible, es imprescindible que sea breve: las ideas deben estar enunciadas, y no explicadas con todo detalle. Asimismo, es importante que se haga con mucha claridad y orden, para que sea comprendido fácilmente. De nada sirve un esquema que luego no se puede interpretar.

Esquema de llaves: es útil para organizar las ideas principales y secundarias, graficando qué ideas dependen de otras. Es uno de los esquemas más claros, ya que permite "entender" de un solo golpe de vista la organización de un texto. Un esquema de llaves debe ser hecho en una sola página, pero debe cumplir con el requisito de "verse de una sola vez", no puede continuar en otra parte.
Así es como se construye un esquema de llaves:


El esquema numérico: también permite organizar las ideas principales y secundarias, pero no de un modo tan visual como el esquema de llaves, sino más bien jerárquico. Es más recomendable para los textos más largos, y que por lo tanto presentan mayor número de ideas, o bien, para los textos que aunque presentan menor número de ideas, las desarrollan en mayor profundidad.
Un esquema numérico puede durar incluso más de una página, no es necesario poder verlo todo a la vez. Se construye numerando las distintas ideas que se incluyen en el texto, otorgando el número uno a la primera de ellas, y luego, mediante puntos, se van organizando las ideas que se desprenden de la anterior, de esta forma:
1. Idea principal
1.1. Idea secundaria que se desprende de la principal.
1.1.1. Idea que se desprende la secundaria.
1.1.2. Segunda idea que se desprende la secundaria.
1.2. Segunda idea secundaria.
1.2.1. Idea que se desprende de la segunda idea secundaria.
2. Segunda idea principal.
2.1. Idea secundaria que se desprende de la segunda idea principal.
Como habrás notado, además de los números, es posible construir este esquema guardando distintos márgenes para cada jerarquía de ideas, de manera que todas las ideas que comparten una categoría, queden alineadas: esto hace el esquema más visual y favorece más aún su comprensión.

Esquema tipo mapa: muy similar al esquema de llaves, en el sentido de que es muy fácil de abarcarlo solo con la mirada. Por lo mismo, también debe estar contenido en una sola plana, no puede componerse de dos hojas o continuar en otra parte. Se caracteria por poder tener más pistas, como flechas, líneas, recuadros con explicaciones, etcétera.
En el mapa se construye una especie de "trama", lo que lo hace útil para graficar, por ejemplo, las relaciones entre los personajes de novelas, o las causas y consecuencias de algún fenómeno natural.
Observa este ejemplo de mapa, en el que se organizan los personajes y acontecimientos de un conocido cuento infantil.

Existe una variante del esquema tipo mapa, que se denomina mapa conceptual. Se trata de un esquema que se completa solo con conceptos, es decir, con palabras o términos y sus definiciones o explicaciones. Evidentemente, dicho esquema solo es útil para graficar textos informativos

El cuestionario

Esta técnica es básicamente un listado de preguntas. Se trata de que tú mismo te formules interrogantes respecto al texto que lees, e intentes responderlas de la mejor manera posible.
La real ayuda de este método no radica tanto en el hecho de formularse preguntas, sino más bien en la capacidad de responderlas. Es a través de las respuestas a tus propias preguntas como podrás darte cuenta de la calidad de tu comprensión. Por eso, existen ciertas preguntas claves que deben estar presentes en todo cuestionario, tanto para un texto informativo como para un texto literario. Observa los siguientes ejemplos.
  • Para una texto informativo:
¿Cuál es el tema central del texto?
¿Cuáles son las ideas principales?
¿Qué se concluye del texto?
  • Para un texto literario:
¿Cuál es el tema del cuento o novela?
¿Cuáles son los personajes principales?
¿Cuáles son los personajes secundarios?
¿Cuál es el mensaje que se desea transmitir?

El cloze
Cloze es una palabra de origen inglés, que designa una técnica bastante específica, útil para aumentar la comprensión de textos. Es una especie de "entrenamiento atencional" que nos ayuda a "anticiparnos" a la lectura, y desarrolla nuestra capacidad de retener y memorizar, siempre al servicio de la comprensión.
La técnica consiste en leer un texto, y luego omitir algunas palabras -una cada cinco, aproximadamente- para que el lector las complete. Eso sí, no se pueden omitir palabras que estén en la primera oración y en la última, y no se puede omitir nombres propios.
 
Fundación Educativa Héctor A. García

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