1º Encuentro Radial Anual de Parques Nacionales

1º Encuentro Radial Anual de Parques Nacionales
Expedición Parque Nacional Los Alerces

miércoles, 27 de junio de 2018

Narración del viaje al Parque Nacional Los Alerces 1º

       EXPEDICIÓN AL PARQUE  NACIONAL
 LOS ALERCES


               
        Hace ya 18 años que lo expreso y lo repito cuantas veces sea necesario, si con eso logro que quién me escucha pueda entender la razón y esencia del Grupo ECO RADIO. Y tengo muy, muy claro que no es para nada fácil hacerlo porque desde el inicio, somos un grupo un tanto especial.
        Una de las cosas que creo nos hace especiales, es la forma de gobierno o como nos manejamos dentro de la institución. Aquí si bien es cierto que hay tres o cuatro personas que tienen la responsabilidad de dirigir los destinos y velar por la salud integral del grupo; todos sus participantes, sus integrantes, pueden y “deben” aportar no solo esfuerzo y tiempo para el sostén, sino que quizá lo más importante que se necesita que aporten, es voluntad, ideas, sueños, compromiso y pasión.
        Con todo esto a cuesta, entenderá amigo lector, que no es fácil gobernar el grupo y menos aún, pertenecer con honor a él. Es más, en nuestros primeros 18 años de vida, ya han pasado por sus filas casi un centenar de colegas radioaficionados los cuales, de una u otra manera, tuvieron que desistir o, en menor grado, fueron obligados a marcharse. De piolas y vividores el mundo está lleno, no hace falta que se reúnan bajo el árbol de ECO RADIO. Algunos se fueron bien, otros más o menos, un minúsculo grupo; muy muy mal. Criticaron putearon, blasfemaron hicieron vendettas y algunas otras cosas más, como insultar en las redes o llamar por te. a altas horas de la noche para amenazar. Obvio que la respuesta fue siempre la misma para todos, los buenos y los no tanto. ¿Vos paisano, que hiciste por el Grupo ECO RADIO? Fin de la discusión.
        Demás está decir que no basta tener la gorrita, o el buzo y la remera para decir soy un miembro. Eso son solo cuestiones efímeras, insustanciales. Lo verdaderamente importante es que impronta, que huella, que acciones deja cada uno dentro del grupo. Lo demás es puro bla, bla compañero.
        Habiendo dicho lo dicho, se entenderá pues que tener una amigo hermano dentro de las filas (él entre otros claro) no es fácil y menos si al susodicho le encanta participar, aportar ideas, sumar ganas, poner el hombro y todo eso que corresponde a las buenas personas. Por todo ello y mucho más que exista un “viejito” llamado Roberto René Lucich LU7HBL en el grupo, es más incómodo que mediar entre Putin y Trump. Si hay algo que destacar del gaucho Roberto, es que tiene ideas muy brillantes y hasta algunas bastante estrafalarias. La cuestión es que el tira las ideas, y luego agrega “vos, vos dale forma viejito” y así se queda esperando, armando equipos, preparando su camioneta o juntando plata, hasta que uno modestamente le hace saber sus pareceres y entonces se desata la hecatombe.
        Es estas cosas estábamos allá por marzo del año 2015, cuando en una charla intrascendente dejó saber que tenía la voluntad de que en alguna salida, hagamos una expedición a un Parque Nacional. Él había estado con su esposa ya en El Palmar y en El Pre Delta. Y creía que podíamos hacer algo bueno allí. Es más, hasta saqué algunas fotos y anduve mirando para poner el campamento. Esta misma exposición se repitió varias veces a lo largo del año, siempre con la misma locuacidad y la inquebrantable voluntad de que allá fuéramos alguna vez.
        Así, como quién no quiere la cosa, llegamos a noviembre del 16 y su postura se tornó muy convincente, y hasta rayó en lo in  bancable. Tanto fue así, que el Sr. Presidente Don Norberto Beto Del Villar LU7HA dejó saber que mejor sería prestarle atención a esa propuesta, porque si no, “el viejito se pondría malo”; después de todo, no parece tan descabellada ¿no?
        En la futura reunión de comisión, le pedimos pues que se explayara y nos dejara saber que pretendía y como quería hacerlo. Obvio que la respuesta fue simple y frontal, tal como es él. Pues, veamos. Ir a un parque y hacer una expedición desde el. Listo, nada más. Solo eso. “Vos viejito, ya te podes poner a hacer las averiguaciones y todo eso que lo haces hermoso” y yo, mientras tanto termino con lo otro (¿?) En fin, una jugada típica del Roberto a la que ya estábamos más que acostumbrados.
 Como queriendo ocuparlo en algo, atiné a preguntar ¿Y vos a que parque pretendes ir? Ahhh ¡a cualquiera!, fíjate el que nos convenga. Hay un montón de ellos. Otra vez estábamos en la misma.
Y como en otras oportunidades el secretario debería hacer todo el trabajo. Buahhhhh!!!
      Otra vez tratando de zafar, arremetí con un comentario que al menos lo pusiera sobre alerta. Yo creo, dije tratando de parecer intelectual. Que si vamos a ir a un Parque Nacional, deberíamos hacerlo a uno lindo, bien bonito, que nos deje algo, que sirva al esfuerzo, que, que. Por eso, dijo el bueno de Roberto. Por eso es que te dejo la tarea, vos fíjate y lo hablamos. ¿Quién es el guía de turismo?
        Pasé toda esa semana viendo la página de parques, analizando posibilidades, viabilidad, costos, necesidades y un largo etc. Cuando llegamos al otro lunes, ya tenía una decena de ideas compendiadas en un apunte y muchos datos más para seguir estudiando. Pero claro, debería pasar primero por el grupo, porque si no, todo el esfuerzo podría ser en vano. Así que cual abogado en un juicio televisado, prepare mis argumentos y ensaye cada palabra para ser convincente.
        Reunidos que fueron los miembros del grupo, y luego de las palabras de rigor, inicié mi filípica como para que todos queden con la boca cerrada. Ya sabía yo como se desarrollaría la cosa. Silencio, totalmente de acuerdo, más silencio, lo que Uds. dispongan está bien, ahhh me parece bárbaro, etc., etc. O sea, más de lo mismo. Pocas veces se cuestionan las ideas en el seno del grupo y menos aún se critican. Pero la cosa cambio de rumbo drásticamente y hacia un lugar que no pensaba.
        Qué bueno che!!! Me parece una idea genial. Yo tengo un par de conocidos en la Patagonia que son LU y además están en los parques. Quizá pueda averiguar algo y conseguir permisos y esas cosas. El viento fresco, venía ahora desde el sudoeste. Del Neuquén. El recientemente integrado Gustavo LU7YG dejaba saber mucho de su posición y de cómo encararía desde también la Patagonia, la ayuda a esta idea. Ya teníamos algo, al menos la propuesta del amigo Roberto, no había caído en saco roto.
        Para la otra reunión se aportaron algunas buenas nuevas y datos que eran un verdadero aviento a la idea original. Ya teníamos el contacto con el Jefe de Guardaparques del Parque Nacional Los Alerces, estábamos esperando a ver que decía. También lo había con otros parques, pero iríamos despacito para no tropezar. Uno por vez.
        Vimos varias fotos desde la web, que indicaban sin duda alguna, que el lugar ameritaba una visita y que ese era un lugar de ensueños. Tiramos ideas de fecha, cantidad de integrantes, posibles candidatos para la expedición, en que ir y todas esas cosas tan caras a la hora de organizar tamaño viaje. Y casi al final de la reunión, pidiendo disculpas por no poder hacerse presente en la misma, llegó al celular de Gustavo un mensaje del Guardaparque Ariel Rodríguez quién no solo nos hacía saber su beneplácito por la idea, sino que nos adelantaba que su jefe, estaba más que feliz con la idea. En la semana me pongo en contacto contigo Gustavo. Que más podíamos decir, pedir o pensar. Ya la rueda se había echado a rodar, así que teníamos algo ya en manos. Ahora, a llorar a la gruta.
        Durante la semana, si bien tenía mucho trabajo y otra expedición en marcha, mi mente deambulaba por la zona austral una y otra vez, recuperando imágenes guardadas de otros viajes, evaluando posibilidades y haciendo números. Haciendo números porque desde el vamos el viaje era oneroso y no había tu tía. Solo de viaje cada unidad debería afrontar un gasto de $ 8.000.- de combustible. El resto, el resto era de menos.
        Y llegó el lunes próximo con la ligereza del sol, ocultándose tras los cerros en Córdoba cuando llega el otoño. Había un aire de expectativa en la reunión, estaban todos pero el Gustavo no llegaba. Hablamos de cosas varias, dimos puntos finales a la cercana salida expedicionaria y Gustavo no llegaba. Gustavoooooooooooo!!!!! ¿Qué pasa carcamán? Hasta que al fin se dignó a aparecer. Su tono era afable, sencillo, y denotaba mucha felicidad cautiva en su boca cerrada. Y no tardó en hacernos la sutil confesión.
        Hace un par de horas, al salir de la oficina, recibí un mail del Ariel, ahí se los estoy enviando para que vean de qué se trata. Me parece que hemos dado un paso gigante como nunca lo hicimos. Lean y me comentan. Un helado, ominoso, desesperante y rancio silencio de hizo en el Skype. Y pasaban los minutos y seguían pasando. Rompió el hielo que se había formado Roberto con su típico “Y bue, parece que vamos a tener que ir para allá” tenemos todo a medio arreglar.
        La charla se extendió hasta ya iniciado el nuevo día. Hablamos de esto y lo otro, de nuevo de esto y después volvimos a lo otro otra vez. Conjeturamos, hicimos cálculos y analizamos variables. Pero sin dudas la suerte estaba echada. De no mediar alguna contingencia fortuita, iríamos a Los Alerces. A la vista se notaba. No habría otra.
        Me reuní en privado con la jefatura dos veces esa semana, quería que Beto y Roberto supieran que si bien la cosa pintaba, mi temor eran los gastos. Hablábamos de miles de pesos, no de cientos como en las expediciones corrientes. Esto no es para cagones, esgrimió Roberto. Dejemos de fritar con grasa y encaremos algo fuerte. Estoy de acuerdo, dijo Beto. ¿Qué más podría yo agregar?
        Una noche, luego de mis oraciones, cuando el sueño se resistía a presentarse, me puse a hilvanar ideas y tratar de conseguir más justificativos para que el viaje se realice. Al momento, como su hubiese bebido un tecito opiáceo, las neuronas se anegaron de tropeles de ideas, argumentos y sueños. Tanto fue así que al final pasé la noche sin dormir y la mortecina luz del alba, me sorprendió cuando abrí los ojos para ir a hacer un pis.
        Ese día, llovió en La Falda tenuemente, pero lo hizo todo el día. Así que sin grandes obligaciones por cumplir, dedique la jornada a redactar un boceto de la idea, el cual quería presentar a mis amigos esa misma noche. Tomé unos mates, más tarde un whisky y cada tanto me restregaba los dedos de tanto escribir. Creo que se calentaron las teclas del teclado de mi PC. Había nacido el 1º Encuentro Radial Anual de Parques Nacionales. Un poco por miedo, otro por capricho, algo de necesidad y la obligación de justificar tamaño gasto y esfuerzo.
        Para cuando presenté el proyecto al grupo, había vuelto a ensayar toda la acción una y otra vez, porque si de algo estaba seguro era que debía ser más que convincente. Yo voy, y yo, cuenten conmigo. Si mis viejos me dejan…, yo si arreglo voy. Está bueno eh? Otra vez volvíamos a la vieja costumbre. Ya se había establecido una nueva expedición. Demás está decir que desde el parque también llovieron elogios por la idea y lo que es mejor, se abrieron puertas en Buenos Aires para que cunda el clamor. Quedaba confirmada la idea y teníamos hasta la fecha. Noviembre del 17. Era solo el comienzo pero a no dudarlo, de algo muy grande.
        Siguieron convocatorias, cientos de e-mail, llamadas por teléfono, reuniones, cálculos y mucha paz. Estábamos en algo muy grande, tanto que a varios les quedó grande el proyecto y en un santiamén, se bajaron y desaparecieron en las sombras. Es más aún les estamos esperando a que vuelvan con la capa caída. El saco no le cabía a todos por igual. A algunos les quedó muy, muy grande.
        Pronto se hizo notable el interés que tenían los colegas en la idea, por más que no participaran activamente como pretendíamos. Se notaba en el ambiente que a muchos colegas le picaba la idea y varios comenzaron a hacer preparativos en secreto para darnos una mano, otros, como siempre; prepararon las piedras para el camino. Pero el proyecto estaba en marcha. Sea como fuere lo llevaríamos avanti. Para eso éramos el Grupo ECO RADIO.
        Fueron once meses de trabajo, de largas horas de reuniones, de mucho calcular y de mucho más escribir. También de convencer y dar explicaciones, otras veces de alagar y palmear a hermanos en la vida de la radio, para que se sumaran a la idea. Pero lo logramos, vaya si lo logramos. El 1º Encuentro Radial Anual de Parques Nacionales, marcaría sin duda alguna un antes y un después en este tipo de eventos radiales.
        Allá por octubre y aún contra mi idea de arreglo, recibí un dinero por dos años de trabajo, que había perdido ya que mis graves dolencias de cadera, no le daba una buena imagen a la empresa, cuando yo lucía orgulloso la ropa institucional. ¿Sabes qué pasa? Vos rengueando chuequeando con la artrosis y vestido con nuestra ropa, no nos gusta. Es una muy mala imagen ¿viste?
Era muy poca plata pero me quemaba en las manos, sabía que podría durar lo mismo que la nada, de hoy para mañana, no quedaría nada y toda la humillación recibida no serviría de nada. Hablé del tema con mi madre y con su complicidad, me fui a la agencia de autos a ver que podía comprar, si entregaba el Duna y ese mísero dinero. Volví horas después con una Renault Kangoo 2000 Diesel 1,9. Se me antojó la manifestación de la felicidad hecha bien tangible y bandera de risa para mis patrones. Ehh miren que mal me hizo su decisión, miren lo que sufro, miren como me mortificó. Yo sigo siendo Héctor Oscar Cousillas, Uds. pierden la imagen. Demuestran lo que son. Que les haga provecho.
        Ahora con algo de trabajo de por medio, viajaríamos con otra comodidad y de seguro mucho más tranquilos. En la gorda, cabría lo poco y lo mucho y no habría necesidad de llevar el carro. Si sumábamos el aporte de Carlos LW4HCL y de Antonio LU3HL con sus respectivas camionetas podríamos viajar seguros y sin complicaciones. En el parque nos daban muchas cosas, no era mucho lo que debíamos llevar. El espacio en esta oportunidad, podríamos destinarlo a equipos, antenas y elementos de las estaciones. Teníamos donde dormir, calefacción, baño, cocina, electricidad, agua y decenas de otras bendiciones.
        Pactamos grupalmente que en esta expedición nos acomodaríamos de manera que todos viajásemos con lugar de sobra. Así que como siempre Beto LU7HA, vendría conmigo. Carlos LW4HCL lo haría con Roberto LU7HBL, Antonio haría lo propio con su esposa Gina y su hermosa nieta Rocío. Gustavo LU7YG por otro lado, iría con su Meriva solo, para volver ídem, ni bien se terminara el domingo 12 de noviembre. Así el resto podría disponer de algunos días para conocer y disfrutar.
        Quince días antes de la partida, nos reunimos en Río 4º, la mayoría del equipo. La intención era finiquitar detalles, ver la carga, el espacio, planear la ruta y fijar horarios. Comimos rico como es de costumbre y disfrutamos de la amistad. Dejamos conocer los sueños y temores, y nos apuntalamos los unos a los otros. Todo saldría muy bien y veríamos el éxito coronar nuestro proyecto.

        Cuándo volvía de la reunión, la camioneta me acusó aumento de temperatura, varias veces el testigo lumínico rojo parpadeó como avisando que estábamos llegando a un nivel térmico que podría causar problemas. Todo se normalizaba con solo bajar la velocidad y dejando de exigir al motor. El lunes la llevé a la agencia y todos coincidimos que era sin dudas el radiador tapado. Todo se arregló en un par de horas, con una desarmada y destape general del mismo, a manos de un profesional. No volvió a calentar el resto de esos días. Al parecer los $ 1.200.- que costó el trabajo habían surtido el efecto deseado.
        Pasé todo el jueves 02 haciendo mandados para dejar a mamá bien provista en la despensa y a última hora de la tarde, cargué todo en la Kan. Por primera vez en muchas expediciones, horas antes, muchas horas antes de la partida, tenía todo acomodado, cargado, dispuesto y presto a partir. Cuando caían las primeras motas de la noche, cerré el garaje y luego de un baño profundo y reparador, dormí a pata suelta toda la noche. El despertador sonó a las 08:30 hs. Me levanté y afeité. Saqué a la gorda al patio y luego de desayunar, le coloqué las antenas, y subí los elementos de última hora, GPS, equipos de radio, binoculares, cámara de fotos, el termo del mate, la documentación personal, y eché una última mirada a la carga, como para ver si no faltaba algo.
        Almorzamos frugalmente con mamá, como para no cargar el estómago y pensando en hacer lugar para el asado que me esperaba en lo de Carlos LW4HCL, para festejar mi cumpleaños. Llamativamente esa mañana habían sido pocos los llamados de salutación que me realizaron. Así que antes de la siesta, silencié el celular y el teléfono. Quería aprovechar al menos una hora de sueño continuo. Cosa que logré para mi felicidad y tranquilidad. Me levanté a eso de las 16:00 hs. bien dormido y con la cadera y espalda descansada y sin dolor. Tomamos un rato más tarde la merienda con mamá y luego de los saludos de rigor, puse en marcha la nena, como para empezar a irme.
        Había recién puesto el celular otra vez con sonido, cuando me entró una llamada. Era mi sobrino Lucas, el hijo de uno de mis amigos, que me enorgullece llamándome así desde muy pequeño. Tío??? ¿Por dónde estás? ¿Ya saliste? ¿Venís por la ruta? No, no hijo, estoy recién por salir de casa. Aún no me subí. Me estoy despidiendo de la Beba y de Gala. Ahhh… pará!!!! Dice papá que si podes esperar 20 minutos, que es urgente, que quiere hablar con vos y mostrarte algo antes que te vayas. Bueno, dale, dile que le espero, estoy con tiempo.     ¿Qué pasa? Espetó mamá. ¿Qué es tan urgente que tienes que demorarte? ¡Qué sé yo mamá! Algo pasó y no puedo dejarlo pagando. Si ellos van a cuidar de ti, no puedo irme sin saber qué pasa.
        Dejo constancia que esos en verdad 15 minutos, se hicieron eternos. ¿Qué le pasaba a mi amigo Pachi? Porque la necesidad de que espere, sabiendo que a mí no me gusta andar corriendo o demorar al vicio. Pero a decir verdad, cuando llegaron risueños y desbordando de felicidad, me importó un bledo haber perdido ese tiempo.
        Muy orondos y alborozados se aparecieron con una hermosa Kangoo 2006, en mi patio. ¿Y eso? Dije abriendo los ojos a más no poder. Es que me calenté con la gorda, cuando fuimos con vos a verla, así que me salió el negocio y me la compré. Esta es 1,6 y con gas. Vamos a cambiar la carga y ándate con ésta así gastas menos. Déjame la azul a mí.
        Vos estás loco?????? Que te pasa???? No, ni de ahí.!!! Además si hacemos el cambio, no puedo poner las antenas, no tenemos el soporte. Ya vamos a salir a algún lado juntos, vos quédate tranquilo. Te felicito, me alegro y pero me voy con la gorda.
        Aún resonaba en el patio el ruido de ese motor, y el aire olía a ese dejo de gas mal quemado. Nos miramos con mamá y sonriendo meneamos la cabeza. ¡Qué cosa este Pachi no!, si realmente es un personaje, le respondí a mamá, mientras ingresaba por enésima vez a la cocina; pero me pone contento que al fin de todo la Kangoo le haya causado un buen interés y que deposite en ella la esperanza de contar con un buen vehículo en el futuro. Tomé otro poco de agua, volví a despedirme de ella y de mi hermosa labradora Gala, ya convencido que partiría al fin. Pocos minutos más tarde, bajaba por Las Lomas a la vez que miraba por los espejos retrovisores que la Beba no tuviera problemas en cerrar la tranquera y que  llegara sana y salva a la casa.
        La ruta estaba como era de esperar bastante libre, poco tráfico en dirección al sur, un poco más rumbo al norte. Era el génesis del fin de semana y muchos habiendo abandonado el trabajo en la ciudad capital, ahora marchaban raudos hacia el verdor y fresco de las sierras cercanas. Poco me costó tomar un buen ritmo y sumar kilómetros viajando hacia Alta Gracia, donde Beto ya estaría esperándome como siempre. Con  agrado percibí que la gorda se comportaba maravillosamente bien con la carga que ya llevaba primorosamente acomodada por mí en su vientre. Beto LU7HA,  poco más tenía por agregar, ya que como he dicho ut supra, esta expedición en particular no requería de muchos elementos anexos para que nuestro trabajo se pudiera realizar. Por lo pronto y si todo era como yo tenía pensado eran muy pocos kilos más que se sumarían.
        Habiendo pasado el rosario de pueblos hacia el sur, que vecinos a La Falda, son la antesala a ella; tomé por la ruta E 55 con rumbo a la zona del paredón del Dique San Roque. A diferencia de la Nacional 38, esta si tenía algo más de autos circulando, todos ellos habiendo aprovechado la Variante Costa Azul que varios kilómetros nos ahora para llegar a casa. Distraído y curioso, me llamó mucho la atención los adelantos que llevaba la obra del puente sobre la Garganta del Lago San Roque, que será a futuro la nueva variante que agilizará y hará mucho más seguro el paso por la zona que es ícono en el sur del valle. La obra, esperada desde los 70, se está realizando a buen ritmo y de seguro, por más que se roben decenas de cientos de pesos, ha de servir a los intereses de quienes vivimos en la zona norte de Punilla. La idea es una nueva traza que dejará a la vieja ruta nacional, de lado y permitiendo que al momento de la inauguración se transforme en un camino alternativo intercomunal para el centro y norte y un sector turístico en la zona más trabada que no es otra que esa, la del paredón. Mucha gente trabajando, máquinas, grúas y camiones todo un ejército de voluntades que tienen la responsabilidad de la construcción. Sin embargo, repito, me llamó la atención lo adelantado de la misma, ya estaban basados los pilotes de puente en ambas márgenes de la garganta y buena parte de la sierra mochada, por donde se apoyará el resto de la estructura. Me reía para mis adentros porque ya me sonaban en los oídos los reclamos de los pseudos conservacionistas, zurdos anti crecimiento y fachos de crecimiento limitado. “El daño al ecosistema, los ruidos, la degradación de la tierra, la cantidad de vehículos que pasarán, etc” comentarios que no por válidos y sostenibles no dejas de ser una pavada. O crecemos y adecuamos las cosas a la necesidad de la población, o vamos para atrás. Que es daño, que algunas cosas se hacen mal, si realmente es verdad; pero ¿Qué hacemos? Estuvo mal desde hace 100 años, cuando la zona se estableció como un paraíso turístico y nadie previó las consecuencias. O nos agiornamos, o debemos matar gente para que deje lugar. La suerte está echada.
        Prestando atención al abundante tráfico en la zona y en ese momento, hice abstracción del paisaje, sus modificaciones o el futuro que le esperaba. Pronto dejé atrás la variante y me subí por algunos kilómetros a la autopista para volver a bajar ahora hacia la derecha en la ruta C 45, con la que me iría rumbo sur hasta Alta Gracia. Volví a sorprenderme que hubiera pocos controles policiales, a no ser un par de patrulleros que crucé a lo largo del inicial recorrido.
        Cuando llegué a la casa de Beto LU7HA, como siempre me recibió con su sonrisa afable y sincera. Luego de abrazo y besote de rigor, apuró sus petates para que los cargásemos sin más. Eran su bolso con la muda de ropa. La máquina de foto, un par de cajas con equipos y fuente y un abrigo. Lo dicho, poco en todos lados. Detrás de él, apareció Irene, su esposa quién también abriendo sus brazos me invitó a entrar y tomar algo fresco. La charla derivó pronto en que nos cuidásemos, que tuviéramos la seguridad de la bendición de Dios,  que llamásemos cuando podamos y que me quedara tranquilo que ella controlaría, al menos por teléfono a la Beba.
        Apuramos el jugo de naranja, pasé por el baño otra vez y partimos raudamente hacia Río Cuarto. Había llegado a eso de las 19:00 hs. casi dos horas más tarde de lo que creía; pero mamá ya había avisado de esa demora telefónicamente. Entre la carga, el refrigerio y el baño, daban las 19:40 hs. cuando partimos hacia el Imperio del Sur. Mientras marchábamos nos pusimos de acuerdo, como siempre lo hacemos, sobre cómo nos manejaríamos con los gastos, las cargas de combustible, las etapas de manejo y alguna que otra variable ya conocidas en virtud de los muchos viajes que llevamos realizados juntos con Beto.
        Es una realidad insoslayable que la nueva autovía hacia el sur, es una verdadera bendición. Rápida, segura, obviando pueblos, semáforos y lomos de burro, el transitar por ella ayuda y mucho a la hora de la regularidad. Ahora se pasa por fuera de los pueblos, se va mucho más recto y con dos carriles por mano. Ya con eso basta. El anterior trazado de la Ruta Provincial 36; era tortuoso, trabado, lento, lleno de curvas lomos de burro, badenes y otras tantas complicaciones. Sin hacer notar claro, que pasaba por dentro de todas las ciudades con el consabido y necesario momento de marcha lenta en esos lugares.
        Si bien viajaba cómodo y contento, por el rabillo del ojo derecho no dejaba de controlar el termómetro. Ya había tenido varios sustos hacía quince días cuando vinimos a preparar todo, con el asunto de la temperatura de la Kan. No podía descuidarme. Sin embargo el medidor no marcaba ninguna suba o valores que alarmaran, es más dado que la tarde estaba fresca y la velocidad era relativamente baja; la temperatura de la camioneta era menor a lo normal. Mucho más aún cuando luego de pasar Despeñaderos nos encontramos con los primeros indicios de llovizna que presagiaba lo que más adelante sería una copiosa lluvia.
        Decidí entrar hasta el taller de Carlos LW4HCL, no por el centro como casi siempre se hacía, sino rodear la ciudad por la rápida circunvalación que desde hace más de quince años facilita el tránsito hacia el sur. Para ingresar por una calle lateral a la altura del taller. La jugada dio resultado y en menos de diez minutos ya estábamos a pocas cuadras y juro, que se olía en el húmedo y  pesado aire las partículas de humo cargado con perfume a asado. Me detuve a tres cuadras, para poner en el recientemente incorporado soporte; el látigo con el banderín del grupo como  para mandarnos la parte al llegar. Ya viajaban detrás; la antena de HF y arriba de la parrilla de carga, la 5/8 de VHF. Pero, un poco de circo nunca viene mal en un auto LU.
        Llamativamente el taller estaba cerrado pero dentro, se veía varios seres moviéndose y portando cosas. Carlos LW4HCL; había convocado a varios colegas de la ciudad para el asado en mi honor y a la vez para que le ayudaran a preparar su unidad. Eran amigos del radio club, que otrora viajaron con él en muchas incursiones a los más variados lugares del país. En ésta, no se animaron a prenderse, así que solo serían del festejo, más no de la partida. Entre ellos estaba Antonio LU3HL, que siendo también vecino de Río 4, era la tercera unidad del equipo. Su hermosa Toyota estaba abarrotada de cosas, le había adosado un soporte paralelo a la barra antivuelco, que oficiara de soporte a la parte posterior de la torre, antenas y mástiles que él llevaría, pero que formaban parte del equipamiento general. Dijo entonces Antonio que Gina, su bella esposa; le había dejado compartir con los amigos ese festejo en mi honor, siempre y cuando no se bandeara con lo que comía y tomaba. No era cosa que su ingesta de esa noche, doblegaran su salud para el resto del viaje. Y él, como hombre hecho y derecho, prometió cumplir su palabra. Y doy fe que no pudimos minar su espíritu y ni siquiera mojose sus labios con un poco de vino. Como decimos en Córdoba, le dio duro a la Ser de pera. Puajjj!!
        En la reunión concertada en el mismo  lugar quince días atrás, habíamos pactado que Antonio llevaría mucho de nuestro equipaje, ya que él y su familia solo acarrearían un par de valijas y las cajas del equipo. Lugar sobraba en la 4x4 y ni que hablar de la potencia y tracción. Por lo tanto, exceptuando lo que ya estaba en la Kangoo cargado y acomodado, mucho de los elementos de Carlos, y Roberto (cuando llegara) serían apropincuados en la caja y cubiertos por una lona. Y dicho sea de paso Roberto ¿por dónde anda? Ya debería estar aquí. Ese era el comentario generalizado de todos, ya que sabíamos que el amigo no es de llegar tarde y menos a un asado.
        De seguro, dijo Carlos, lo cruzó la tormenta y debió guarecerse o esperar que amaine. Ya debe estar cerca, lo voy a llamar por radio y si no responde por celular. Al rato volvió con gesto adusto, nada che! No responde por ningún lado ¡Qué raro! Y dicho esto volvió a sus labores en la camioneta que aún necesitaba algo de aplicación y mucha fuerza. Diez minutos después unos potentes faros iluminaron el interior del galpón; había llegado el amigo Roberto LU7HBL.
        Fiel a su costumbre enseguida se puso manos a la obra. Descargamos sus petates y trasladamos a las otras dos unidades. Revisamos que nada quedara escondido y que luego provocara problemas por su falta, reparamos un corto circuito que surgió en la instalación radial de la Toyota de Carlos y mientras colocábamos antenas, banderas y banderines, llegó la hora de cenar. Allá a lo lejos en el fondo del galpón un horno estilo chileno, pero trucho, tenía a mal traer los varios cortes de carne que nuestro anfitrión había preparado para la ocasión. Y aclaro que lo de trucho, se debe a que el ingenioso Carlos, le hizo algunos cambios y el horno se calienta no con “cualquiercosa” como es normal en el resto, sino que posee dos grandes quemadores que brindan más calor que el fuego del averno. Como si fuera poco, nuestro amigo puso sobre la mesa un chimichurri que aclaró, era peligroso. Mezcla de jején, yarará, suegra primeriza, dinamita y gárgara de alfileres. Ojo con éste, volvió a aclarar. Y realmente era peligroso, pero la historia no se escribe del accionar de cobardes, no era cosa de quedar pagando, así que acompañado de un rico tinto, dimos buena cuenta del mismo.
        A los postres, Carlos, que siempre piensa en todo, nos engalanó con una rica torta y algunos dulces muy rellenos de los que dimos cuenta con algo de café. Y como quién no quiere la cosa; dieron la una. Si, la 01:00 hs. del sábado 04 de noviembre. Así que de buena manera, pero firmes y convincentes, despedimos al resto de los amigos y cada uno busco donde dejar depositados sus huesos mientras dormía. Realmente sin importarme mucho la decisión de mis amigos, me encaramé a la cabina de un gran camión que, estacionado en el gran taller, aguardaba turno para su reparación. Abriendo la puertezuela vi que detrás de las butacas había una gran cama con un colchón casi sin usar. Dije entonces, esta es la mía. Me bajé, fui a la Kan, agarré mi almohada y el poncho y solo dos minutos después, habiéndome aflojado el cinto y quitado las zapatillas, dormía a pata suelta estirado como era mi necesidad para descansar la columna. Entre las sombras vi que el dueño de casa deambulaba aun llevando algunas cosas cerca de su camioneta y se cercioraba de que nada hubiera quedado desordenado para el desayuno. De Beto y Roberto nada supe, más si supuse. Los tres durmieron en la zona de repuestos del taller, en sendos colchones que Carlos siempre tiene pronto para los amigos.
        Puse el despertador de mi celular a las 05:45 hs. por lo que me quedada poco menos de cuatro horas para dormir. Pero descabezar un sueño placenteramente es una de mis virtudes, sin importar las condiciones o el lugar, por lo tanto no habría drama en echarme a los brazos de Morfeo. En plena madrugada las necesidades me llamaron a levantarme, así que bajé a hurtadillas del camión y como un ladrón en acecho, hice lo que tenía que hacer y volví más pronto que ligero a la cucha.
        Cuando comenzó la vibración y se encendió la pantalla antes de sonar en el celular, llevaba yo varios minutos despierto y atento. No llovía o al menos no se sentía en el techo de chapas del taller, caer la lluvia. Tampoco andaban duendes paseando por entre los repuestos ni ruido alguno traicionaba el candor de la noche de noviembre; que advirtiese que mis amigos andaban rondando por allí. Como un espectro, sin ruidos y casi a obscuras. Fui al baño, me acicalé un poco, afeité y descargué las aguas mañaneras. Luego, caminé en torno de la Kangoo, viendo y mirando que todo estuviere en orden. Revisé los líquidos, completé menos de un vaso de agua del depósito del radiador, controlé el aceite y limpié el parabrisas. Detrás en la otra punta del inmueble, ya se habían encendido algunas lámparas y mis amigos comenzaban a vagar de un lado a otro, toalla en mano. Carlos se apresuró a encender el fuego y puso un par de hervidores a calentar para el desayuno y posterior carga de termos. Minutos más tarde la mesa estaba servida. Medias lunas, bizcochos, torta y alfajores estaban dispuestos para el disfrute. Mate, leche, café, té serían la parte húmeda.
        Otra vez, raro en nosotros, volvimos a faltar a la palabra y el pobre Antonio LU3HL y su familia estaban ya esperando en la ruta, mientras nosotros ni siquiera habíamos puesto en marcha las unidades. Entre una cosa y otra, la hora acordada había quedado hacía mucho atrás. Faltaban minutos para las 08:00 hs. y nosotros con la red sin tirar. Pobre Antonio. Cargamos los termos, apagamos las luces y partimos raudos en búsqueda de los amigos que, tal lo acordado, estaban hacía rato en la estación YPF esperando nuestra llegada.
        Repostamos combustible, verificamos que todo lo hablado la noche anterior era lo correcto y comenzamos el largo camino al Parque Nacional Los Alerces. El segundo inicio para mí, que ya llevaba un día y casi 400 kilómetros de marcha.         Cuando salimos a la ruta., rumbo a San Luis, ya el sol nos calentaba la espalda. El día estaba despejado y con un diáfano fulgor. Algunas nubes grises escapaban presurosas hacia el norte en búsqueda de las serranías, al sur; todo era celeste y blanco. Al oeste, aún aletargado el amanecer; tonalidades rojizas se dejaban ver y desaparecían inmediatamente el sol, imponía su impronta de luz y calor.
        Si todo salía como estaba previsto, nos aguardaba todo el día de marcha para poder alcanzar la localidad de Añelo, donde a la vera del Lago Barreales nos esperaría en su casa de campo Gustavo LU7YG ya entrada la noche, también con otro asado de festejo. Por ahora y por delante teníamos: Villa Mercedes, Victorica, Chacharramendi, 25 de Mayo, Barda del Medio y Campo Grande. Veríamos luego como sería la marcha.
        Al llegar a Villa Mercedes con algunas cargadas de mis amigos que no vienen a lugar; comenzamos a dudar del bueno de Antonio LU3HL que para nosotros venía a ser como el conductor máster de la expedición. El amigo tenía hecho decenas de veces el camino, ya que su hijo, allá en el lejano sur; sería ahora también nuestro anfitrión en su parque. Y el viejo, como dice Roberto LU7HBL ya no podía contar las veces que había ido a ver a Ariel, por lo que fue quién determino el derrotero del viaje. ¿Quién mejor? A decir de mi abuelo, le erró para el tajo de la… hay que tomar la segunda salida a la derecha Héctor, adelantó por radio con voz de locutor de Radio Nacional. Yo que también conocía la zona y además llevaba el GPS, asentí conforme mirando a Beto LU7HA, quién medio dormido preguntó qué pasaba. Si, dije a baja voz, la primera salida es la entrada a la villa. Así que a baja velocidad tomé la rotonda y giré acompasado con el sonido de la radio. Por el espejo sin embargo, vi que mis amigos pasaban de largo como una autobomba a plena carrera. Ehh, ehhhhhh, ¿conde van? Espeté por radio, que pasó. Shhhhhh. Se equivocó el viejito, dijo a carcajada limpia Roberto que también criticada a su chofer, Carlos por seguir a su amigo. Entre la risa y los gritos escuché que, también riéndose Carlos argumentaba que el solo siguió al que sabía. Desde la radiante Toyota de Antonio, solo se escuchó perdón, perdón…, a la vez que Gina y su nieta reían a rabiar por el error. Qué vergüenza, no lo puedo creer!!! Volvió a decir Antonio, pero ya habíamos re conformado el tren tripartito de viaje, yendo la Kangoo a la cabeza.
        Por delante teníamos poco más de 200 km. de autopista de dos carriles por mano y poco para ver a sus lados, así que fue un momento propicio para dedicar algo de tiempo y energía a la radio. Beto inició el llamado en 40 metros, Roberto lo hacía en 20 y Carlos a ratos perdidos, indagaba en los 2 metros. Para sorpresa de todos, fueron varios los contactos que se pudieron concretar, locales, DX, con amigos y desconocidos con otros grupos que estaban trabajando en sus casas preparando los equipos para partir el siguiente viernes hacia un parque. La cosa fue amena y nos hizo más llevadera la marcha en las cercanas horas del mediodía.
        Como a eso de las 12:00 hs. arribamos a Victorica y grande fue la sorpresa cuando dimos con un mundo de autos y gente que se agolpaba en la estación de combustibles. Hicimos cola y mientras aguardamos el turno, Roberto nos dijo que aprovecharía la parada para verificar la antena de la móvil, porque algo no andaba bien. Así que luego de repostar los líquidos inflamables, aparcamos en un sector con algo de sombra para darle una mano. Gina, cebó unos mates y todos miramos curiosos a ver que se estaba haciendo en la camioneta de Carlos. En eso estábamos cuando vimos una radiante y blanca unidad 4x4 que portaba en sus puertas el inconfundible escudo de la Administración de Parques Nacionales y un dato más alentador aún. Parque Nacional Lihué Calel. Allá fuimos, incluido el servicio técnico que trabajaba afanosamente en la antena. Hola!! Disculpe amigo, dije con intención de ser sencillo y cordial. Es Ud. el intendente del parque??? Si, el mismo… fue su lacónica respuesta y Uds. quiénes son??? Ahhhh pará, pará, Uds. son los locos del Grupo ECO RADIO no??? Vaya que kilombo armaron con la idea jaja!!! ¿Ud. sabe de nosotros? Y quién no!!! Hasta Macri sabe de Uds., con lo que crearon armaron un revuelo tremendo, están todos medio loquitos haciendo trámites y dando permisos. Yo soy amigo de Ariel, así que se del tema desde la primera hora. El me avisó ni bien Ud. le hablaron.
        Ahhh mirá vos!!! Si, si, la cosa es que allá en la zona, son todos unos maricas, no se animaron, yo les hable a varios LU pero ninguno quiso hacerse cargo, así que para el otro año deberán Uds. ir a mi parque. Porque si no, no dejo entrar a nadie más. Este año me la perdí jaja. Nosotros tenemos lugar, podemos dar una mano, proveerles cosas, hubiera sido lindo tenerles.
        Viejito!!! Tenelo seguro que el otro año, vamos para allá. Palabra del Grupo ECO RADIO, dijo Roberto. Claro que tampoco es para creerle mucho, porque lo mismo hubo de prometer a San Guillermo, Ischigualasto, Lanín, Los Glaciares, y no sé cuantos más. En su fatigosa, profunda y responsable gestión para llevar adelante este encuentro que nos había puesto en viaje.
        Nos dimos las manos, cruzamos saludos y partió el amigo para la gran juntada en el Parque Nacional Quebrada del Condorito, donde concurrirían todos los intendentes de parques del país, invitados por sus superiores para festejar el Día de los Parques Nacionales. Lo que ocurriría dos días después, es decir el lunes 06 de noviembre.
        Mientras intercambiábamos comentarios, volvimos a las labores de revisión y ajuste de la antena, que pocos minutos más tarde quedó lista e indicó que era momento de re iniciar la marcha.
        Chiiiiiicosssss!!!! No se olviden del pan, alertó por radio Gina, que sabía la necesidad de esta, la adición más utilizada en argentina. Máxime si hay de por medio un asado. Aquí a la vuelta hay una linda panadería, podríamos comprarlo aquí porque después no hay nada. Yo voy dijo el servicial Roberto y huyó corriendo hacia el negocio que esperaba a solo una decena de metros. Para cuando hubimos dado marcha a la camioneta. Y comenzado a dar la vuelta a la estación de servicio; ya estaba el amigo de regreso en su unidad y nos avisaba que además del pan, había adquirido unas ricas facturas para el mate.
        Así, con las provisiones listas, tomamos otra vez al sur encarando una de las rutas más nombradas del país. “Conquistadores del Desierto. Próxima parada 25 de Mayo si Dios así lo permitía. Como dispusimos que Antonio “el conocedor” fuera adelante abriendo camino, le pedimos a él que ubicara un montecito amigo para poder hacer un alto y dar cuenta del asado que viajaba en la conservadora, que no era otro que el sobrante de la noche anterior, pero que estaba a punto caramelo. Yo me encargo dijo la “segunda operadora de LU3HL” mi marido capaz que se pasa jajajajajaja. Unos cuarenta minutos más tarde y en medio de la estepa patagónica, vimos a lo lejos que Antonio ponía su luz de giro a la derecha y aclaraba por radio además, que ese era un buen lugar para almorzar. Nadie se opuso, después de todo; él era el “baquiano” y por otro lado había un hambre había!!!
        Carlos aparcó su camioneta debajo de uno de los dos talas que daban un poco de sombra e inmediatamente abrió su compuerta trasera para que oficiara de mesa. Yo quedé paralelo a la ruta pero bajo la sombra, del otro lado del segundo árbol y Antonio hizo lo propio detrás y al costado izquierdo mío. Pronto salieron a relucir vasos, cubiertos, tomates, sal, el asado y un rico pan pampeano. Dimos cuenta de todo que nos supo a manjar. Lamentablemente y por seguridad, no pudimos tomarnos un tinto que a buen resguardo el visionario Carlos llevaba oculto por si las moscas en su camioneta.
        No sé porque razón, Dios me hizo abrir el capot de mi Kangoo, quizá porque cuidadoso como siempre, quería que en el rato de la comida, bajara por completo la temperatura del motor, que a esa hora del día, ya alcanzaba la estándar de marcha, unos 92º. Miré sin ver el resto del motor, comprobé el estado de las ruedas y verifiqué como venía la carga. Lo cierto es que la apertura era más por costumbre de colectivero, que por precaución.
        Mientras lidiaba con un riquísimo trozo de carne de cerdo, vi que curioso, Roberto andaba mirando el motor de la gorda, mientras mascaba un sándwich y llevaba su cabeza de un lado a otro. Al rato con su proverbial tranquilidad, me consultó sobre un particular del cual yo no tenía ni la más mínima idea. Viejito!!! Dijo intrigado. ¿Se está saliendo el eje largo del alternador, o le pusiste un bulón demasiado largo y sobra? Carlos que andaba con intenciones de hacerse de una espina para utilizarla como escarbadientes, se asomó al motor y asintiendo le escuché que decía al momento de yo llegar junto a él. Ahhhh si, mirá!!! Metió presuroso su mano diestra debajo del alternador y sentenció; se perdió la tuerca, se está saliendo el bulón. Espera que terminemos de almorzar y lo arreglamos.
        Lo único que se me ocurrió decir en ese momento, fue que era obra del que me arregló el radiador, antes de salir, ya que yo mismo había visto ese adminículo, el alternador suelto cuando fui a buscar la camioneta. Además agregué, menos mal que lo vimos, si se llegara a caer, y se sale la correa seguro que se mete en la distribución y rompe hasta el escape. Si, si, si, fue el lacónico comentario de mis amigos, pudo ser un desastre, pero ya lo arreglamos.
        Poco más de media hora después y con la ayuda de Roberto, Carlos y Beto, estaba lista la reparación y asegurado el sistema, verificamos que no tenía otro drama y partimos otra vez rumbo al sur. Aún nos quedaban más de 400 km. por recorrer. Como buenos caballeros, le pedimos al “baquiano” que fuera adelante, no para que nos guiara, sino porque con él viajaban dos damas y nosotros además de limpiarnos las manos, necesitábamos regar urinalmente un par de matas negras que estaban tras los autos. Al salir Antonio nos dijo que su hijo Ariel le había avisado que estaba en ruta desde Los Alerces y que de seguro nos cruzaría cerca de 25 de Mayo. Había salido con el amanecer, así que era probable que así fuere.
        Durante esos minutos que dejamos operar el meato urinario a voluntad; Antonio se nos adelantó un par de kilómetros, así que velozmente le dimos presa y al llegar junto a él, le avisamos que como no confiábamos en su orientación; nosotros iríamos por delante. Entre carcajadas mutuas, le pasamos y apuramos el tren de marcha. Aún estábamos lejos, aunque nos parecía que en lontananza ya se veía el humo del asado preparado por Gustavo.
        Esa parte del viaje transcurrió con premura y a la vez paz. Habíamos comido, bebido y descansado más de una hora, con reparación y todo. Por lo que varios se entregaron a una siesta reparadora, entre ellos Beto que ya tenía en sus ojos no venas sino várices. Carlos por momentos llamaba a DX, en otros dormitaba y Roberto inquieto como mojarrita, manejaba, tomaba mate, comía medias lunas, hablaba por radio, atendía el celular cuando había señal y además arengaba al grupo. No sé cuánto había pasado de tiempo, quizá unas dos horas, lo cierto que en un momento, vi entre las bajas nubes del chubasco que se aproximaba, un Siena blanco que venía parejo y rápido. Algo en el me llamó la atención, pero para cuando reaccione ya era tarde, raudamente como una saeta, le vi pasar junto a mí y alcancé a ver el ya conocido emblema de la Administración de Parques Nacionales.
         A la vez, los ocupante del bólido blanco, miraban atónitos a las tres camionetas y creí leer en sus labios, “son ellos, son ellos”. Puse las balizas, para que el tropel cimarrón se alertara, y cabestreando me tiré a la banquina unos quinientos metros más adelante del punto de encuentro. Allá a lo lejos vi un polvaderal, también en la banquina derecha. En la izquierda un par de faros blancos indicaban que alguien hacía marcha atrás y pronto se apearon media docena de personas que prorrumpieron en fortísimos abrazos, beso y saludos con los brazos en alto. Esperé que pasara un camión, un par de autos que justo en ese momento aparecieron en mi horizonte cercano y dando vuelta, volví por la mano contraria en búsqueda del bullicioso grupo.
        Tal lo vaticinado en horas de la mañana, Ariel nos había encontrado en la ruta a unos 120 km. de 25 de Mayo, y la ocasión no era para desperdiciar, debía saludar a su padre, a la familia y a este grupo de loquitos radioaficionados que le habían trastocado la vida a varios intendentes desde marzo. La plática se extendió unos veinte minutos, que mal no vinieron a la hora de estirar las piernas y cambiar el aire. Aprovechando Ariel para aclararnos que encontraríamos algo de tormenta y para armar su agenda con nosotros para la semana, cuando el volviera del cónclave en El Condorito. Otra vez volvimos a ponernos en marcha, cuando los últimos rayos de sol se despedían con un sinfín de promesas, que no tienen historia. Al frente todo era gris, negro, relámpagos y agua.
        Fuimos avanzando raudamente y sin embargo la lluvia no nos alcanzaba y tampoco la noche llegó a tal. Por debajo de los nubarrones del oeste, peleando a capa y espada el astro rey se resistía a esconder su rostro. Así que pese a haber llegado a el cruce de 25 de Mayo; aún había bastante luz como para que los ocasionales turistas detenidos para reabastecer sus autos, se asombraran al ver las tres camionetas  que como espinas patagónicas clavadas en todos lados, lucían sendas antenas cada una y una parva de carga que dejaba saber que algo importante estaban por hacer. La parada duró no más de veinte minutos, entre carga y baño, pero cuando salimos el agua mojaba notablemente el parabrisas recién limpiado.
        Pocos kilómetros más nos mantendrían juntos con Antonio, toda vez que él seguiría viaje hacia el sur oeste, hasta Piedra del Águila en tanto que nosotros tornaríamos al nornoroeste con rumbo a Añelo. Antonio aún tenía más de doscientos cincuenta kilómetros por delante, a nosotros al menos, nos aguardaban unos cien. Él pernoctaría en un hotel que ya tenía reservado, donde descansaría y recuperaría energías para la etapa del día siguiente. Nosotros según he dicho antes, iríamos hasta la casa de campo del Gustavo LU7YG para hacer lo propio también.
        Cuando abandonamos la estación de servicios, nos dimos cuenta que el tráfico se acrecentaba exponencialmente y que la cosa no sería fácil, si a eso le agregábamos la incipiente lluvia. Fuimos despacio con paciencia y precauciones extremas, hasta que llegamos a la rotonda cercana a Neuquén y viramos hacia nuestra derecha. La ruta nos sorprendió, ya que muchos kilómetros de ella estaban en construcción, rotos, sin marcación y como si fuera poco. Ahora llovía torrencialmente. Vamos tranqui, dijo Carlos por radio, total no hay apuro. ¿Venís bien viejito? Agregó Roberto. Si, si, vamos bien respondí. Sigamos. Soltando el PTT, para que no se oyera la confesión de Beto, yo, no veo nada hermano. Nada de nada, ni dos en un burro.
        Esos poco más de setenta kilómetros que nos faltaban, se nos hicieron eternos. Mucho, mucho tráfico, mucha agua sobre la calzada, mucha lluvia. Algunos animalitos de Dios manejando desaprensivamente y el riesgo permanente de colisión a cada metro. Cada minuto que pasaba íbamos más lento. Todo siguió así hasta que llegamos a Añelo. Después de cruzar el pueblo, desapareció el tráfico y la ruta estaba en mejores condiciones, pero… aún faltaban como dieciocho kilómetros aún. Y en todo ese camino, desde la rotonda, no hubo forma alguna de que nos pudiéramos contactar con Gustavo, ni por radio ni a su celular. Estábamos totalmente desconectados y por más que nos desgañotamos llamando por radio ni siquiera estática hubo como respuesta. Se nos presentaba un dilema. La última comunicación con Gustavo, había sido a horas de la mañana cuando desde la oficina nos dijo que habría de esperarnos en la ruta, a la salida del country y con todo listo. El calculaba que deberíamos de arribar a eso de las 23:00 hs. más o menos. Pero según nuestros relojes, recién habíamos pasado las 20:30 hs. lo que quería decir, a no dudarlo, que él al menos no estaría paradito allí bajo la lluvia esperando nuestro arribo.
        Casi con lo último de la señal disponible, me entró un mensaje que tenía hora de salida como a las 16:00 hs. “Si por las dudas nos desencontramos, pasen Añelo, siguen, siguen y van a cruzar un dique por sobre el paredón, salen a la derecha, suben, bajan doblan a la derecha luego a la izquierda y cuando salen a la derecha a unos 300 metros van a ver unas piedritas blancas a la izquierda. Esa es la bajada al barrio” ¡No le pueden errar!!! No, claro, que va, como vamos a poder. Dije en voz alta y riendo. Es de noche, llueve de cojones, no se ve nada y mi gorda tiene menos luz que un Tucu Tucu. ¿Cómo vamos a pasar de largo?
        Les fui dictando a Carlos y Roberto el derrotero a medida que avanzábamos a tientas, y poco después di con la bendita salida. Ahíi estaba, corajuda bajo la lluvia esa entrada al barrio. Habíamos llegado. ¿Habíamos???
        Llegamos a una tranquera bajo un par de álamos que nos separaba de al parecer una casa con local que parecía ser el ingreso oficial del barrio. Apeose sin miramientos Carlos y abrió la misma para que pasáramos. Tocamos bocina, hicimos señas de luces y al rato apareció desde dentro de la covacha una mujer a la que le adivinamos con seguridad un abuelo Patagón. Que buscan, le dijo a Carlos, quién llamó a Roberto más por informado que por locuaz. Venimos a la casa de Gustavo Gerbaudo, dijo el viejito… es radioaficionado, nosotros somos de Córdoba y vamos … Aquí no vive nadie con ese nombre, prorrumpió la Neuquina. No se puede pasar. ¿Cómo, qué? No, lo que pasa es que él nos espera viste??? Aquí no hay nadie con ese nombre, y nadie avisó que vendrían, no pueden pasar profirió taciturna la mujer de armas tomar. Carlos, viendo la noche en la negrura de la Patagonia, se me acercó y me dejó saber lo que pasaba, mientras se mojaba bajo la copiosa lluvia que no cejaba. Chanfle!!! Articulé cansado, agotado y molesto. Decile que es el esposo de la Alejandra Carballo, quizá a ella la conozca. Cheeeeee!!! Roberto, dile a la señora que Alejandra Carballo es la esposa, si la conoce!!! Cuatro minutos después, protegida por un parvo paraguas, se asomó la mujer entre las plantas y haciendo señas como el penado catorce, ese del tango, trató de indicarnos donde era la morada de nuestro amigo. En eso, portando una vieja linterna Asunción de metal, carente de pilas y con el lente opacado por el empañado del vidrio, casi de la nada apareció un hombre, a la sazón el marido de la señora de marras. Ya desde lejos a no dudarlo un Chilote, mal llevado. Preguntó que pasaba, que como no le habían avisado, que no podía dejarnos pasar y que las Pistas de Nazca no existen. Y Hitler era bueno como la Salas.Otra vez estábamos “fuori”  
        Me bajé de la camioneta, más caliente que talón de cartero, que le pasa a este tumbado pregunté??? Tratando de que me escuchara. Si tanto problema tiene que venga con nosotros y se cerciore de que nos espera y ya. No des tanta explicación Roberto. Sino, que vaya hasta la casa y le pregunte. Lo que pasa señor… es que yo no sé nada. Por eso, anda y pregunta, listo. O te venís con nosotros y se acaba el drama.
        Dos minutos después y varios milímetros de lluvia ídem, partimos con el personaje hacia dentro del barrio. A solo cuatro cuadras y un giro a la derecha, llegamos a la casa. Parecía una cargada. Gustavo no podía creer lo que estaba viendo, él interesado en un partido de futbol, ni siquiera había prendido el fuego. Eran las 21:34 hs. supuestamente faltaba una hora y media para la llegada. Salió a la galería y con gestos desmedidos nos recibió contento de que hubiéramos llegado sin contratiempos. Luego dedicó unos minutos al Chileno al que hubo de explicar porque no sabía nada él de nuestro arribo (sencillamente, porque no había nadie al momento de ingresar Gustavo al barrio, en la casa) y aguantar que le obligara a que lo llevara de nuevo a su puesto. Cosa que al escuchar el comentario, decidí hacer yo mismo, porque no tenía intención de seguir disfrutando de su presencia. Lo cargué en la gorda y casi lo tiré en la puerta de la casa. Ahora si podía relajarme, habíamos llegado. Mitad del viaje de ida, al menos.
        Como lo dije algunos renglones más arriba, a Gustavo lo sorprendimos y mucho de que aún bajo la lluvia hubiésemos arribado con tanta antelación a su casa. Por ende, no solo no nos esperaba, sino que tampoco había prendido el fuego, ni salado la carne. Así que mientras yo llevaba al Chileno a su guarida, Roberto y Carlos, solícitos, prácticos y serviciales enseguida se pusieron manos a la obra y se encargaron ellos mismos del encendido del fuego. Claro está y vale decirlo, con el apoyo moral e intelectual del bueno de Beto que estaba atento. Mientras tanto, Gustavo apuraba algo fresco en el comedor, salaba la carne, limpiaba la ensalada y no sabía cómo pedir disculpas por su desliz. Cuando llegue de regreso, todo era un torbellino y mis amigos además habían ya comenzado a bajar sus bolsos, como haciendo lugar para el sueño reparador que se avecinaba.
        Mientras todo discurría en la vorágine de salar, lavar, encender y tomar algo, el bueno de Gustavo nos mostró las piezas y puso a disposición el baño. Como no podía ser de otra manera, el “limpio Roberto” fue el primero en ocuparlo y; como tampoco podía ser de otra manera. Dos minutos después ya estaba listo. Una virtud jamás igualada por ninguno de nosotros. Dicho sea de paso, nunca en mi vida encontré a una persona que pueda bañarse, incluido el lavado de cabeza y todo, con una botella de agua, así que siempre es un gusto verlo dar curso a la higiene.
        Cuando me llegó el turno di cuenta del baño con más ganas que necesidad. Realmente estaba muy cansado y más que todo agotado por los nervios que nos provocó recorrer esos últimos kilómetros bajo la lluvia y en constante acoso de los desaprensivos conductores locales. Pero además, también ya me estaba pasando la factura mi cadera y espalda. Eran muchas horas de estar sentado, se utilizar posiciones no muy cómodas para ellas, por lo que; pese a los calmantes, ya me dolía y mucho. Habiéndome bañado y con el pijama puesto, no tuve mejor opción que apoltronarme en un cómodo sillón y depositar mis piernas en lo alto de una banqueta. Que mejor, limpito, descansado y cómodo. Así que al rato también Beto se acomodó a mi lado y junto al resto disfrutamos del agradable calor que emanaba de una preciosa estufa Tromen instalada al costado de nosotros y en medio del comedor. Por su cristal de visión, podíamos ver jugar las llamas y crepitar las chispas que, en tropel salían de los leños con que Gustavo la había alimentado desde mucho antes de nuestra llegada.

Narración del viaje al Parque Nacional Los Alerces 2º parte



        La cena fue como siempre, amena, rica y salpicada de risas, comentarios, preparativos y mucha felicidad. El anfitrión no paraba de agradecer que hubiéramos aceptado su modesto convite para pasar la noche. Era sin dudad para él, motivo de satisfacción. A los postres, donde dimos cuenta de un rico chocolate, degustamos un poco de whisky y café. Momento oportuno para plantear horarios y todo lo relacionado con el viaje que debía de continuar y que tenía como punto de inicio horario,  las 07:00 hs. Pronto, el reloj dio las 01:30 hs y con los trastos lavados y acomodados, por Carlos y Roberto; dispusimos que fuera buen momento para dedicar unas horas al sueño. Pero antes, dijo Gustavo aclarando el garguero, el regalo sorpresa que les preparé. Y dicho esto, minutos después, se apersonó con hermosa lechuzas tejidas primorosamente por una amiga de su esposa, que quiso regalarnos a todos. Uds. decidieron que sea una lechuza, bueno, esta es Konkong así se llama en Mapuche. Y desde hoy es para exhibirla donde vayamos. Que hermoso recuerdo, que lindo regalo y que original.
        Puse el despertador de mi celular a las 05:45 hs. Quería afeitarme antes de salir y necesitaba además unos minutos para acomodar nuevamente los petates que viajaban en el bolso. Así que previendo el nuevo baño de mi amigo Roberto; al activarse la alarma salté de la cama y me dispuse a iniciar el día. A tientas crucé la cocina y el comedor y encendí la luz más alejada que encontré, como para no molestar a mis amigos durante esos minutos. Luego y tratando de ser lo bastante silencioso que ameritaba la ocasión; abrí la puerta y me paré con el pecho henchido, para absorber una profunda bocanada de aire puro, matinal y fresco. En medio de la espaciosa galería que tenía el inmueble en su entrada. Aún estaba obscuro, pero al frente y muy lejos, una circunferencia blanquecina que salía detrás de las bardas cercanas, presagiaba que ese día sería soleado, cálido y muy lindo. Esa imagen me hizo recordar la primera hoja de los cuadernos que tantas veces había utilizado en mi escuela primaria, los Alborada. Donde un niño de delantal con sus brazos extendidos daba la bienvenida al sol que emitiendo rectos rayos lo iluminaba todo a su paso. Muy cerca, quizá a poco más de un centenar de metros, la claridad matinal ya dejaba ver el contorno multiforme del Lago Barreales, ese que durante la noche fuimos informados que estaba allí, pero no pudimos ver por la lluvia. Una bandada de bandurrias chismoseaba por la zona y un perro vecino, de había despertado al ver luz en la casa que casi siempre está sola en el barrio.
        Volví dentro de la casa y emprendí las tareas que tenía ya establecidas realizar. Terminaba yo de afeitarme y aparecieron tras de mi Beto, Carlos y Gustavo pero llamativamente, Roberto no daba señales de vida. Cada uno a su momento hizo suyo el momento de higiene y luego nos preparamos un rico desayuno a la vez que calentábamos agua para los termos. Llevábamos ya unos minutos en esa labor, cuando apareció Roberto con su toallón al cuello, sin lentes y totalmente despeinado como su hubiera acabado una batalla atroz con un felino. ¡Perdón! Dijo serio y taciturno, ¿los señores acabaron de dar vueltas en el baño? Digo, porque quiero bañarme y como Uds. son medio, medio a la hora de hacer sus cosas, no quería incomodar.
        Vaya nomas señor, dijo Gustavo. Yo de mientras le caliento agua para el desayuno, y a la vez que Roberto entraba al baño, él apretaba la tecla de encendido de la Kunkun, como le llaman en Israel a la pava eléctrica. Tal lo dicho y aunque resulte increíble, cuando el agua estaba pronta y se apagaba el eléctrico esperpento, apareció Roberto con su slip amarillo, que según dijo era la cábala de los viajes. ¿Ya está el desayuno? Habían pasado poco menos de dos minutos, pero Don Limpión es así de rápido para esos menesteres.
        Al momento de regresar nuestro amigo desde la pieza, venía con toda la indumentaria protocolar puesta. Eso no era lo que habíamos pactado, pero el entendió que si nos encontraríamos con algunos amigos en el viaje, bueno sería ya ir “linditos” como para impresionar. Así que mudamos la ropa y cuando cargamos todo en las unidades, ya éramos los famosos “Arrancados Verdes”, que es como Roberto nos designa cada vez que estamos todos de verde musgo.
        Cerramos la casa, verificamos líquidos, gomas, limpiamos parabrisas y partimos del barrio para hacer frente al largo viaje que nos esperaba ese día. Añelo, Esquel; nada más, nada menos. Salimos despacio en el camino de ripio y cuando alcanzamos la zona alta, se impuso una foto con ese exuberante paisaje de fondo. El sol, las bardas, el lago, los álamos, las casas y los destellos brillosos que encandilaban aun estando lejos. Paramos las camionetas, nos bajamos y cada uno se tomó un tiempo para las fotos. Nada presagiaba lo que vendría poco más tarde en la misma mañana.
        Fuimos subiendo a la ruta y dimos marcha sin importar la ubicación en la caravana. Total, era un único camino y todos íbamos para el mismo lugar. Cutral Co. Allí cargaríamos combustible y poco después nos juntaríamos con Antonio y su familia para continuar el viaje, desde Piedra del Águila. Faltando poco para arribar a la ciudad, Gustavo tomó el comando de la marcha y nos llevó rápido a la estación de servicios. El trámite duró solo un par de minutos ya que aun desperezándose y siendo domingo, la ciudad no tenía casi tránsito a no ser los jóvenes que con algunas copas de más, volvían de su divertimento sabatino. Cuando salimos, y con su olfato inigualable, Roberto sentenció por radio que había una panadería que parecía buena y pararía a comprar facturas para el mate. Uds. sigan nomás que los alcanzo, cosa que hizo solo un par de minutos después porque tampoco allí había gente.
        Cuando alcanzamos la ruta abierta, me decidí por la delantera con la certeza de que mi marcha siempre es mucho más regular que la de mis amigos, por lo tanto puedo sostener la velocidad y fagocitar kilómetros sin perder tiempo, pero a la vez si asumir velocidades impetuosas y peligrosas. Nosotros, ya lo dije; rara vez viajamos a más de 90 ks./h ya que eso nos permite más seguridad, menos costo y viajar sin tener miedo a infringir límites de velocidad. El sol, como en el día anterior ya calentaba y le dimos gracias a Dios que 360º a la redonda no había sobre nosotros ninguna nube que opacara la vista única que teníamos delante de nosotros. Cerros, bardas, estepa y allá a lo lejos un rosario de lagos y ríos que los unían. Un mar celeste y esmeralda que formaba parte del extenso sistema de manejos de las aguas del Neuquén. Allá a lo lejos en el horizonte, si miran ya se alcanza a ver todo el embalse de El Chocón, nos alertó Gustavo por radio. Que hermoso que es todo esto, que belleza, cuanto hay en nuestro país para ver y disfrutar, soltó también en su momento Carlos.
        El camino era ondulante, con extensa visión y muchas curvas. En un momento estábamos muy altos en otro, casi a nivel de las aguas. Por un segundo con el sol a la derecha al rato a la izquierda o detrás nuestro. La cosa era que avanzábamos muy ágiles y prestos a comer los casi 1.200 km. que nos quedaban aun por delante.
        En lo alto de una barda, con el camino casi horizontal y al salir de una pronunciada curva a la izquierda, a Beto y a mí nos conmocionó un ensordecedor ruido que provenía del motor de la Kangoo. Nos miramos atónitos como preguntando ¿qué pasaba?  Miré con profundidad y atención el tablero y no había nada allí que alertara sobre una anomalía que se pudiera identificar con los sensores. Solo sesenta metros después me tiré a la banquina mientras encendía las balizas y por radio daba cuenta de lo que pasaba.
        A todas luces, el ruido para mí, era consecuencia de un inyector tapado. Sonaba como TRRRRRrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr, y eso ya lo había escuchado yo en mi anterior Duna. Abrí el capo y me bajé con el ceño fruncido como queriendo encontrar respuestas. Segundos después mis amigos estaban al lado mío haciendo conjeturas y verificando que nada raro se veía en el sector del motor. Me había jugado a que un caño de inyección se había cortado y por ende habría gas oíl en todo ese espacio, eso sería a no dudarlo, la causa de que algo ande mal. No fue así. Todo estaba en orden, tampoco había aumento de temperatura u otros daños que se pudiera ver desde fuera. ¡Qué raro! Dijimos casi al unísono todos allí parados. Me volví a subir y el tablero aún seguía sin marcar nada, pegué una acelerada y me pareció que el ruido bajaba de intensidad por lo que decidí largarme en la bajada que teníamos delante, en marcha neutra para ver qué pasaba.
        Te seguimos dijo Carlos y pronto estuvieron detrás de mí. En total debo haber hecho unos 8 km. aprovechando la inercia que me daba la pendiente y la posibilidad de utilizar toda la ruta para mí, ya que no había tráfico en esos momentos. Seguíamos con el ruido más bajo, y andando todo bien, hasta que al llegar a una empinada curva, el envión no dio para que alcanzara a subirla. Puse 5º, luego 4º y por último 3º, pero ya el motor no tiraba, no tenía fuerza por más que respondía a las aceleradas y seguía en marcha. En total, tuve que hacer unos 180 metros, hasta que puede arribar a lo alto de la loma, no quería dejar la camioneta en la trepada, porque si había que remolcarla el salir de ese lugar sería harto difícil.
        En los pocos segundos que pasaron desde que puse la marcha hasta que pude detenerme, pasó de todo. Se encendieron todas las luces del tablero, parpadearon, se disparó la temperatura desde los 30º que venía hasta casi los 100º que tiene como máximo antes del peligro total. Una gruesa bocanada de vapor salió del motor y me dejó por un segundo ciego, pensé en una manguera reventada. Me volví a tirar al costado del camino y cuando abrimos la tapa, el depósito de agua era un pozo surgente, más que eso un verdadero geiser. Se olía en el aire el típico y acre aviso de que todo vuela de temperatura. Había, de seguro, quemado la junta de tapa de cilindro. Estábamos al horno. Intenté completar el agua y dejar el motor en marcha, como para hacer que el sistema bajara más rápido la temperatura. Fue imposible ya el ruido había vuelto a su valor más alto y el depósito estaba seco y seguí largando vapor. Las complicaciones eran más que una junta soplada. Algo grave pasaba y no sería fácil resolverlo.
        Carlos colocó su camioneta delante y se bajó con una eslinga para remolque. Deja todo como está y la llevamos hasta el pueblo a ver que nos dicen, en medio de la ruta, mucho no podemos hacer. ¿Qué hay adelante?, le preguntó a Gustavo, quién aun sin salir del asombro informó que estaba Picún Leufú.  Si no le erro, estarían faltando unos 19 km.         El trámite fue breve y eficaz, y solo unos cinco minutos después, ya estábamos en marcha hacia una posible solución. Veríamos que pasaba cuando llegásemos allí.
        Picún Leufú es un pequeño pueblo a la vera de la Ruta Nacional 237, muy cerca de El Chocón y casi en el medio de la distancia que separa Neuquén y Piedra del Águila, unos 120 km. más o menos para cada lado. No hay muchas cosas ahí, pero yo lo tenía bien conocido ya que era mi parada habitual con los ómnibus, en el viaje de ida o vuelta de Bariloche. Existe allí un muy buen parador con amplios servicios que atiende muy bien y deja conforme a choferes y pasaje. Su nombre “Gracias a Dios”. Frente a él y unos metros hacia el este, una vetusta estación YPF, completa la atención a los viajantes. Ahí paramos con Carlos y Roberto preguntó al playero por un mecánico. Mmmmnnnn. ¿Hoy domingo? Y a esta hora, el único que puede llegar a atenderlo es el Polaco. Otra no hay. ¿Ve esa casa roja allá como a trescientos metros? Ese es el Cuartel de Bomberos Voluntarios de Picún. Justo detrás de el, está el taller. El viejo es además de los bomberos, vaya y pregunte a ver qué le dice. No se pueden perder, tiene la sirena en la puerta misma del taller. Y como era obvio, allá fuimos.
        Mientras guiaba la Kan detrás de Carlos, fui buscando mis documentos y me agencié de mis credenciales de Bombero Voluntario. Supuse claro, que siendo del palo el amigo Polaco, no dejaría de atenderme. Paramos en la misma puerta del ruinoso taller y además de golpear las manos, tocamos y casi silencioso timbre, cuyo botón asomaba tímido entre un portón bastante desvencijado. Al rato y arrastrando sus pies, apareció el susodicho Polaco.
        Le di los buenos días y con cara de bombero le extendí la mano derecha a la vez que le exhibía mis credenciales. El anciano personaje no dudó un instante y farfulló; otro más, si parecen una plaga!!! Y a continuación agregó. ¡No me diga que viene un domingo a las ocho de la mañana a hablar de los bomberos! ¿Qué diablos le pasó a la Kangoo?
        La respuesta repleta de perspicacia y mucho humor nos dejó a todos mirándonos. El viejo Polaco, ya había entendido por las caras que había un problema y no era bomberil. Así que poco podía yo agregar al tema y me largué con el relato, el cual fue escuchado con atención y respeto por el mecánico; que ya a esa hora lucía pese a ser un domingo, su overol azul decorado con grasa y aceite de vaya a saber uno que  otros enfermos.
        Aja!!! Fue la respuesta del tal Don Andrés. Venga, pase y vea. Y tras lo dicho, salió caminando deshaciendo sus pasos rumbo al interior del chaperío que funcionaba como taller. Y allá fuimos todos los amigos, compungidos, curiosos y expectantes. ¿Ve este motor? Si, fue la bucólica respuesta, bueno, es de este auto un R19. Y este motor es igual al suyo y como si fuera poco, también le paso lo mismo que a Ud. Sopló la junta de tapa de cilindros.
        ¿Está seguro viejito? Preguntó incrédulo el amigo Roberto que no podía dar crédito a un vaticinio tan seguro sin haber aún oído el motor de la camioneta.
        Tan seguro como que el gordito es bombero, y todos uds. radioaficionados. Vamos para la puerta, dijo y tras ello arrancó otra vez hacia el frente rodeado de una jauría de siete perros de todas las razas, colores y olores que se imaginen.
        Se paró delante de la chata y sentenció, a ver abra el capó. Ponga en marcha el motor. Ya vemos si mi presunción es o no acertada.
        Puse en marcha la Kan y otra vez se oía el cascabeleo tan fuerte como en la ruta y de inmediato empezó a soplar agua por el recipiente. Lo dicho mi amigo, sopló la junta de tapa. No hay que hacerle, así no puede seguir.
        ¿Ud. la puede arreglar? Pregunté a la vez que me sentía un mamarracho ya por torpe, ya por imprudente. Dígame algo ¿Ud. para que vino a joder el domingo a las ocho de la matina? ¿Para saludarme o para que le dé solución? Para ambas, agregue tratando de ser amable, siempre es bueno saludar a los hermanos de lucha. Ahhh si, si, si claro. Ya me parecía.
        Bueno mire amigo, la cosa es así. Ud. deja a la nena aquí y sigue haciendo lo que vino a hacer a la Patagonia. Yo arreglo el R 19 cuyo dueño está durmiendo en una carpa con la mujer, sus hijos y el perro en la YPF, pero se tienen que volver si o si, ya no tienen plata. Cuando termino con el rojito, arranco son la suya. Y cuando la termino se la llevo hasta Los Alerces así me doy una vuelta. ¿Le parece?
        Mire, a mi conque la arregle es suficiente, no me hace falta que la lleve a ningún lado. Nosotros volvemos por aquí el otro lunes, en ese momento, paso y la retiro. Cargamos las cosas y seguimos viaje. Me parece muy bien gordito. Piense un rato vea si todo le conviene y luego me avisa, yo me voy a terminar el café.
        El cónclave con mis amigos duró poco tiempo. No había muchas alternativas para elegir. O le dejaba la nena al Polaco, o la llevaba a Neuquén al taller de un amigo de Gustavo LU7YG que ya había sido alertado por éste. Hicimos número, intercambiamos miradas, opiniones y sentimientos. ¿Qué más se podía perder? El viejo se había molestado en hacer todo su análisis, me había presentado la solución según su mirada y como si hubiera sido poco, también detalles que yo no había considerado aún. Realmente muchas salidas no quedaban.
        Si pedía una grúa, al menos demoraría unas seis horas hasta que llegara. Estaba casi al borde de la distancia máxima de acarreo por lo que cabía la posibilidad de que al momento de desenganchar la chata en Neuquén; me saliera conque debía un par de miles de pesos. Tenía que volver a molestar a otra persona un día domingo. Alejandra, la esposa de Gustavo debería suspender una salida con amigas para esperar que yo llegara y me pudiera presentar con su amigo y, abrirme las puertas de su casa. Luego y vaya a saber uno a qué hora, debería buscar un ómnibus que me llevaras hasta Esquel, donde mis amigos deberían ir a buscarme no sé cuándo. Analicé con mi corazón las alternativas y me sinceré con Roberto y Beto; mis amanuenses si los hay. La decisión fue tomada. Dejaría a la nena aquí en manos del Polaco y que Dios se apiade de mí.
        Tomé un par de mates, mastiqué un rico pan con chicharrones que el Roberto había comprado a un vendedor que pasó y junto a mis amigos, me fui a hablar con Don Andrés. Mire paisano, ya tomé una resolución. Le dejo a la BB y espero que me la arregle para la vuelta el otro lunes. Aquí le entrego $ 4.000.- para que tenga como para los primeros gastos y luego arreglamos el resto. ¿Le parece? ¿Si a Ud. le parece bien, para mi está bien?
        Vea gordito, a mí me parece bárbaro pero no se quede sin plata, respondió Don Andrés, vaya disfrute y luego arreglamos. Cuando vuelva hablamos. Yo me quedo más tranquilo si me acepta el dinero amigo, le die de corazón y terminó aceptando la moneda. Lo que si le pido y si no es mucha molestia; es que me permita pasar al baño porque me estoy haciendo pis. Claro, está en su casa al fondo, a la derecha, como es habitual. Y allá me fui con mis amarguras elucubrando el futuro que esperaba a la vuelta de la esquina. Cuando volví, hicieron la misma visita mis amigos que ya para entonces habían entablado amistad con el pintoresco mecánico.
        Cuando volvimos al frente acompañados por los perros y el Polaco, había movimiento en los restantes móviles. Gustavo conociendo mi decisión, había cancelado la reunión con su mecánico, y dado vía libre a Alejandra para que hiciera su vida. Además, en un gesto de rapidez mental, llamó por Te. a Antonio que estaba ya esperando hace rato en Piedra del Águila con su familia para que el, se volviese unos kilómetros a cargar las cosas que transportaba la Kangoo. Cuando me vio, arrastrando los pies en el ripio, solo dijo. Calma Hetitor!!! Ya solucionamos todo, arriba el ánimo.
        Carlos, aprovecho entonces para pedirle al bueno del Polaco que se molestara en revisar su diferencial, porque había sentido un zumbido raro al remolcarme y no quería tener sorpresas luego. Don Andrés se tiró debajo de la Toyota y a los treinta segundos vaticinó. Le ajustaron la tuerca de la salida de caja, pero le falta un par de arandelas. Dicho esto se paró y otra vez rengueando, enfilo para el taller. Al rato volvió con una tuerca nueva y varias arandelas de suplementación las cuales coloco en un santiamén y dejó conforme a mi amigo. ¿Cuánto le debo paisano? Preguntó Carlos. Nada. Se lo cobro al gordito cuando pague lo de él. Dijo Don Andrés y se excusó para seguir tomando su café.
        Antonio demoró menos de una hora para llegar hasta nos, así que en ese tiempo dispusimos de mucho de la carga en la camioneta de Carlos y en la de Gustavo. Dejando fuera lo más pesado o voluminoso para que se cargara en la unidad de Antonio. Descartamos además, algunas cosas a las que estimamos duplicadas o innecesarias habida cuenta el momento que vivíamos y entre todos, empujamos dentro del taller la Kangoo, que quedó custodiada por la jauría mecánica.
        Eran para ese entonces las 12:02 minutos del domingo 05/11/2017 y hacía poco más de doce días que tenía la camioneta en mi poder y ya me había dejado de a pie. Con todo eso a cuesta y sabiendo que se imponía, invité a mis amigos a que comiésemos el almuerzo allí y luego arrancáramos la etapa final del viaje. No, nada de eso, dijeron, vamos a ponernos en marcha y luego veremos qué pasa ya tenemos un atraso de tres horas y nos faltan más de mil kilómetros aún por recorrer.
        Así que preparando el mate, junto a Gustavo que accedió a llevarme en su Meriva, arrancó la caravana tripartita hacia el parque. Yo iba en los primeros minutos haciendo un balance de lo acontecido y realmente mi alma estaba henchida de gozo y paz. Mis amigos me habían respondido como era de esperar y eso me había dejado más que contento. Estaba rodeado de buena gente.
        El primero fue Carlos, quién una vez que habíamos parado frente al taller, metió la mano en su cartera y vino con un gran faco de billetes los cuales me ofreció para que haga frente a la rotura. O es mucho, pero ayudará. Le siguió Roberto, quién con su carisma de siempre esperó que estuviera solo y ofreció lo mismo, al menos es un poquito de ayuda viejito. Acéptalo. A continuación Beto me recordó lo que me había dicho aún en el camino, en la ruta. Si necesitas, solo buscamos un banco y  listo. Por último Gustavo, que excusándose porque no era mucho, también metió su mano en el bolsillo y extrajo billetes para ayuda a paliar el momento.
        Pero si algo me había conmovido, fue el gesto de Gina y su esposo Antonio. Cuando todo estaba listo, cargado y dispuesta la partida, oí a lo lejos que ella en un gesto poco común le gritaba a la distancia. Papá!!, ¡Antonio!, acordate eso que hablamos recién. Es el momento. Ahhh, claro amor, se me pasó. Hectorrrrr!!! Dijo al momento mi amigo barbudo, ven un minuto por favor.
        Curioso pero imaginando algo, me acerqué a la hermosa pareja y les interrogué que pasaba. Ambos me abrazaron y en un susurro amoroso, cual padres preocupados e hicieron los propio ofreciendo también divisa para hacer frente al mal trance. Que felicidad, que tranquilidad tenía yo en ese momento. ¿Qué menos podía esperar de mis amigos?
        Apronté el mate, mojé la yerba y mientras esperaba me largué a llorar desconsolado pero tratando de esconder las lágrimas de mi amigo Gustavo, quién en un gesto de hombría y hermandad; solo calló por un rato y minutos después despeinándome los pocos pelos que llevo conmigo, me dijo Hetitorrrrrrrrrrrrr!!! Ya vamos a arreglar todo, quédate tranqui. Ahora vamos a escuchar buena música. ¿Te gusta Hugo Gimenez Agüero? Siiiiii obvio, como que no, lo mejor de la Patagonia.
        Así entonces, arrancamos esas aún por delante doce horas que quedaban de marcha. Parque Los Alerces, allá vamos. Con problemas pero vamos que joder!!!
        La charla fue amena y variopinta, había cientos de cosas por hablar, por expresar y no nos íbamos a perder la oportunidad de hacerlo, total, como dije, faltaban muchas horas por viajar.
        Hablamos del grupo, de su historia, de los personajes que han pasado por él, de cómo se manejan las cosas dentro de la institución. Hablamos de las sanciones aplicadas recientemente, de las causas, de todos los que han dejado de pertenecer al grupo, de sus berrinches, de los caprichos y de otras yerbas. La tarde si bien algo de tormenta presentaba, se mantenía firme dándole lugar al sol. Pero, eso duró solo un par de horas, ya que poco después de pasar Piedra del Águila, la llovizna nos alertó de que deberíamos prestar mucha atención en la ruta. Esa llovizna, poco después, dio lugar a un breve pero sustancioso aguacero que casi, impedía seguir conduciendo. Más tarde, cuando el sol le sostenía la compulsa a Los Andes, perdiendo detrás de ellos, su brillo y majestad; los bosques cercanos a la Confluencia del Río Limay, daban un marco único donde detenerse y reaprovisionar combustible, anque, también darse un tiempito para pasar por los sanitarios.
        Siempre este lugar me causó extrañeza y alegría, sus curvas, su río, la única estación de servicios disponible en kilómetros, fue para mí, como una alerta, como un faro que dejaba saber la proximidad de una hermosura inconmensurable que se abriría ahí nomás, un poco más adelante. Volvía a parar, a detenerme en ese lugar por enésima vez. Y el río, prepotente, solitario y feroz allá abajo, seguía en forma estrepitosa su largo camino hacia el valle. Allá lo esperaban varios diques, hermosas obras realizadas cuando Argentina era un país en serio y se pensaba y trabajaba a futuro, con visión y honestidad. Todos ellos fortalecidos desde los cimientos para contener esas ansias de seguir al mar, esa fuerza inconmensurable de la naturaleza que solo días antes de ser agua transparente y fresca, era solo nieve o mucho peor; hielo de las altas cumbres de América.
        La parada fue breve, solo lo necesario para reaprovisionar y dar rienda suelta a los esfínteres, había que seguir, allá en Bariloche teníamos a un amigo esperando por nosotros. No podíamos desperdiciar el tiempo en vaguedades.
        De todos modos, deberíamos hacer una parada obligada, antes de arribar a Bariloche; en la famosa Balsa sobre el río Limay. Las fotos eran una necesidad y el momento un verdadero motivo de relax y puesta a tierra de los dramas que ya cargábamos.
        LU5VV Jorge Krienke, tal el susodicho, nos había contactado hacía un par de meses cuando el grupo estaba en pleno alboroto por todo lo que teníamos trabajando. En realidad la primera vez que hablamos con él, no fue lo que se dice una charla cordial y mucho menos amena. Él radioaficionado con vasta experiencia y cargando la responsabilidad de sostener una empresa también grande; tenía muchos cascotazos recibidos por los buenos para nada de siempre. Jorge hacía años que batallaba con la organización y sostén de LUFF, una entidad que controlaba y abalaba la activación radial de parques en todo el territorio nacional, pero a la cual pocos tenían en cuenta y menos aún respeto.
        El paisano no tuvo mejor idea que cuestionar primero y luego hacerse el víctima, manifestando que nosotros queríamos pasar por sobre él y echar por tierra todo lo que durante tantos años había hecho. Cosa muy alejada de la realidad que nos molestó sobremanera. Pero no habríamos de quedarnos callados, así que en un par de días, dimos respuesta a su interrogante.
        Ni nosotros en particular ni el grupo en general, tenía acaso intención alguna de sacarle anda, de quitarle la potestad, ni de interferir en el funcionamiento de LUFF. Lo único que pretendíamos es que quien estuviere frente a esa organización supiera y colabora con todo lo que estaba programando y pergeñando ECO RADIO. Costo un poco, pero al final logramos que se quede tranquilo y entendiese que lo nuestro era ayuda, nada más que eso, no queríamos hacernos dueños de nada.
        Luego de toda la aclaración y de hacer un largo y pormenorizado detalle de todo lo que se habría de hacer, pudimos entonces; contar con la ayuda del amigo y de LUFF. Nada del otro mundo, solo lo necesario que al final; sería lo que más necesitábamos. Después de todo este proceso, siguió una serie de reuniones que permitieron sumar confianza y aclarar puntos de vista, como acciones que nosotros pretendíamos tomar a futuro en relación con el evento de marras.
        Con todo esto a cuesta, era poco probable que el bueno de Jorge nos abriera su corazón y casa de primera, pero pese a todo el inefable Roberto LU7HBL, hizo el intento y así se lo hizo saber. Viejito!!! Nosotros vamos a pasar por Bariloche el domingo cinco de noviembre a eso del mediodía. Nosotros pagamos lo que corresponda, ¿vos te haces el asado para que no gastemos más de la cuenta comiendo allí? Heeeeeehhhh haaaaaahhhhhhh, no, no yo no sé hacer nada, a lo sumo una salsa muy mala, como para unos fideos nada más. Si pongo a calentar agua, se me quema ¿viste? Bueno, entonces vos hace la salsa, nosotros llevamos los ravioles. Haaaahhhh Ahhhh, bueno, bueno, veré si en ese momento estoy por aquí y arreglamos cuando vengan. Demás está decir que nunca pensamos acaso que comeríamos en Bariloche jajaja. Pero, como al menos nos había prometido una bandera de LUFF para que luciéramos en la expedición, deberíamos si o si encontrarnos con él unos minutos. Y así lo hicimos.
        Llegamos a San Carlos de Bariloche a eso de las 17:15 minutos, unas seis horas más tarde de lo previsto originalmente, pero claro, con todo lo que pasamos, era de todos modos un tiempo bastante bueno el hecho. Nos juntamos con Jorge y otro amigo en una estación de servicio a la entrada del pueblo, y entonces; se rompió ese temor que él nos tenía aun solapadamente.
        Mi propuesta era una sola. Además de escuchar lo que él quisiera decirnos, tendríamos que dar cuenta de algo para comer, porque ya estábamos en las postrimerías de la tarde y aún no teníamos en el estómago nada sólido. No habíamos almorzado por todo lo que ya conté, así que mi glucosa estaba por las nubes. Husmee la carta y me decidí por un café con leche y un gran tostado. Mis compañeros hicieron la misma elección así que en minutos llegó la camarera con una bandeja repleta de sándwiches y humeantes tazas blancas. Atrás nuestro, Gina y Rocío hicieron lo propio con unos alfajores.
        A los postres como diríamos, llegó el momento de la entrega de la bandera y los deseos de buena activación. Y ahí nos desquitamos del amigo, ya que como quién no quiere la cosa le pusimos más que contento y asombrado cuando le entregamos de
nuestra parque una serie de obsequios que llevábamos preparados para ese momento. Salieron a relucir entonces, porta llaves, pines, escuditos y otras yerbas, que se recibieron con emoción y mucho respeto. Habíamos causado la impresión que queríamos, así que podíamos estar conformes y muy contentos.
        La despedida fue una mezcla de curiosidad, investigación y asombro. Jorge y su amigo no daban crédito de la cantidad de cosas que nosotros teníamos en las unidades y de todo lo que cargábamos para la expedición. Su única expresión fue: “Uds. sí que se toman las cosas en serio no! Y si, viste??? Nosotros hacemos las cosas bien o no las encaramos, para payasadas y errores hay varias decenas de aprendices haciendo cosas. Nos despedimos con abrazos y gestos de amistad y volvimos al camino con más bríos y la panza llena de momento. Aún nos restaban unos doscientos y algo de kilómetros, por lo que tendríamos que apurar el tranco.
        Como en todo el camino, el grupo estaba comunicado vía radio por la banda de VHF, sintonizando los equipos en la frecuencia internacional de encuentro 146.520 khz. Que es lo que en la jerga se define como el QAP de todos los orejas peludas. Frecuencia en la que miles de radioaficionados estacionan sus equipos, hacen escucha, elucubran, se entera de lo que otros hacen pero, que pocos usan debidamente. Hay ocasiones en las que uno se desgañota llamando en esa frecuencia y nadie responde, por más que se sepa que miles o al menos decenas escuchan. Eso del no te metas. Típico argentino.
        Roberto LU7HBL, que nunca puede domesticar su genio impaciente y locuaz no tuvo mejor idea que increparme a mí por radio para que al menos amenizara la tardecita con una detallada explicación de todo lo que veíamos; es decir una guiada turística y gratis claro. Así que tampoco pudiendo dominar mi genio, me dedique por varias horas a dar rienda suelta a los conocimientos y fui contando todo lo que sabía de la zona e indicando esto o aquello, al pasar por sus cercanías. Lo que nunca supuse era que otro personaje habría de aparecer en la frecuencia, haciendo aportes más que valiosos y dando datos por mí desconocidos. Antonio, con mucho afán y sinceras ganas de que se disfrute del viaje, ayudó y en demasía para que todos pudieran conocer, al menos desde lejos esa hermosa zona en las puertas de la Patagonia. Así, apuntando, comentando, haciendo gala de un detalle único, Antonio y yo con lo mío; pudimos amenizar el fin de la tarde mientras viajábamos hacia el sur, siempre al sur.
        Pasamos por varios pueblos en las cercanías de Bariloche y seguimos reptando siempre por esa ruta única hacia Esquel. Pasamos por El Bolsón, y luego por El Hoyo. Es más ni siquiera habíamos entrado a este pueblo cuando fuimos alertados por radio, por una voz desconocida y auténticamente amistosa.
        Hola!!! Dijo el desconocido. Bienvenido el Grupo ECO RADIO a la Patagonia y al Hoyo. Soy Fabián, los estábamos esperando desde hace horas, que bueno que ya están cerca. Quisiéramos saludarlos con mi familia si aceptan, además hay otros amigos en la frecuencia a la curuya, que no se animaron a interrumpir la guiada jaja. Si quieren los espero en la Y.P.F que van a encontrar ni bien pasen el cartel de bienvenida al poblado.
        Obvio era que no podíamos dejar de hacer la paradita, como nos íbamos a perder de estrechar la mano de unos amigos!! Así que varios minutos después nos detuvimos en esa parada señalada y esperamos expectantes, a ver que nos deparaba el destino. Minutos después llegaron Fabián, su esposa y perro. Todos juntos a saludarnos. Yo soy porteño, me vine hace un par de años, esto es hermoso, así que más puedo pedir. Estamos re felices. Y como escuchamos lo que uds. inventaron no podíamos dejar de sumarnos, somos de aquí y lo vamos a hacer conocer. Saldremos desde Lago Puelo, este que está ahí nomás.
        Era un tumulto de palabras, pero es que el amigo estaba más que contento y feliz con vernos. Y como si fuera poco, nos dio una sorpresa más. Si pueden esperar quince minutos, llega otro amigo de El Bolsón que no se animó a hablarles cuando pasaron, pero que me llamó y se puso contento. Yo le dije que se viniera que los paraba aquí y que les pediría que lo esperen. ¿Cómo podríamos negarnos a ese honor? Así que mientras tomamos unos ricos mates cebados por Gina, y sacamos algunas fotos, aguardamos el arribo del colega. Cosa que sucedió a solo minutos. La espera valió mucho la pena, porque pudimos, para nuestro ego, escuchar los comentarios de estos amigos que se desvivían diciendo todo lo bueno que le parecía el encuentro de parques y la importancia que éste revestía para nuestro país. Bueno, nos dijimos, al fin pegamos una.
        Ya la noche estaba cayendo en esas latitudes y fue el bueno de Antonio quién nos alertó sobre la hora. Chicos, dijo temeroso, miren que falta rato aun, así que ¿Qué les parece si arrancamos? Y si, la verdad era esa. Aún faltaban varias decenas de kilómetros que serían difíciles, ya por la topografía, ya por las horas acumuladas en el viaje. Habíamos partido a las 07:00 hs. desde Barreales, llevábamos para entonces, más de catorce horas de marcha.
        Los últimos kilómetros fueron tranquilos, si se quiere definir a esa parte del viaje, lo que si nos dio fue la oportunidad de conocer una faceta de Antonio que no conocíamos aún. Él durante el día, había sido un excelente guía y mejor baquiano. Conocía el camino, sabía las distancias, los lugares, etc, etc. Pero, la noche traería sorpresas. Muchas de ellas.
        Habiendo hecho varios kilómetros, Antonio nos comentó que ingresaríamos al parque por su entrada sur. La misma, si bien nos llevaba a un camino de ripio que por lo general estaba en buen estado siempre; nos haría ahorrar unos 80 km. en la vuelta. De no ser esa la opción, deberíamos ir hasta Esquel, y desde allí girar al oeste y entrar el pórtico del este, que en esencia es la puerta principal del parque. Pero eso, tal lo mencionado, daba lugar a por lo menos una hora más de viaje y decenas de kilómetros más por recorrer. El camino del sur, de noche no nos diría nada, pero cuando volvamos, dijo seguro de lo que decía a sus amigos, en estos días para ir al Puerto Chucáo para la navegación al Alersario Milenario; verán que es hermoso. No lo creerán pero cuando lo hagamos de día el paisaje es arrollador.
        Ninguno de nosotros estaba en condiciones como para poner un coto o es su defecto corregir o cuestionar a Antonio. Él tenía realizado junto a su esposa Gina, decenas de viajes al lugar. ¿Quiénes éramos nosotros para tal improperio? Así que detrás de él marchábamos silenciosos y expectantes. La noche era hermosa, una luna tenue pero visible nos vigilaba y seguía los pasos. No hacía frio, más bien estaba fresco, pero no más. Pero, la cosa se complicó, y como dicen por ahí, saltó la liebre.
        A la salida de la próxima curva, a la derecha parte un camino, por ahí vamos a tomar, despacio por las dudas, pero ahí salimos de la ruta. Bueno, fue la bucólica respuesta del resto del grupo. Ahí vamos tras ti. Pero no fuimos muy lejos, a un par de centenares de metros, el caminó se cortó abruptamente y quedamos en medio de la nada. A lo lejos ladraba un perro y cerca, cuchicheaba un búho. Estábamos perdidos lisa y llanamente.
        Upsss, se escuchó desde la brillante Toyota blanca, me parece que metí la pata, sentenció Antonio por radio, haciéndonos saber que le había errado el camino a tomar. ¿Viste que te dije? ¡Este, no era el camino, yo te advertí! Tronó por detrás de nuestro amigo, la hermosa de Gina. Antonio no había alcanzado a soltar el PPT, por lo tanto todo fue oído por nos.
        Vamos a dar la vuelta y listo, ya nos encaminamos, dijo otra vez el “canoso viejito” con corazón de dulce. Son cosas que pasan… Si claro, espeté por radio a la vez, Son cosas que pasa dijo Larralde. Ehhh no me digas que te gusta Don José, que bueno, volvió a argumentar el Antonio. Dale papi, es tarde, orientemos el rumbo porque están todos cansados… terció Gina.
        Salimos otra vez a la ruta y encaramos otro ingreso, este es seguro. Mira que a seguro lo llevaron preso… dijo Roberto. Y casi fue así. Volvimos a errar. Alguien en esta Argentina de corrupción había robado el camino de ripio. ¡Qué cosa! Caramba!!! Hubiera jurado que aquí era, cheeeee, que mal estoy hoy. Le erré otra vez Gina, estoy mal. Y que lo digas hace falta amor. Los chicos han de mofarse de ti toda la vida. ¿Nosotros? amagó Roberto, jamás!!! Quizá este es uno de los caminos de Lázaro, por eso no está. Sí que está arreció Gina ahora manejando el micrófono. Lo hicimos como setecientas veces, lo que pasa es que mi viejito está cansado jaja.
        Antonio!!!! No les hagas caso, bramó Gustavo. Son envidiosos, quédate tranquilo que ya vamos a encontrar el maíz y hallaremos el rumbo. Sí, eso haría falta, vaya que sí. La solución mágica como siempre, provino de Roberto. El viejito intrépido como nadie deslizó que cuando llegáramos a la ruta él preguntaría en alguna casa de la zona. Quédense tranquilos y duerman sin frazadas…
        Pisamos la ruta y a unos metros una mortecina luz, alumbraba el porche de una humilde casa. Se apeó Roberto entonces y golpeó las manos. Hola viejita, lo escuche decir, mira venimos desde Córdoba y como estamos cansados le erramos el camino. ¿Dónde queda la entrada al Parque Nacional Los Alerces? Porque para allá vamos, somos radioaficionados y tenemos una expedición por delante. Ahhhh, sí, sí, claro; sigan dos kilómetros y van a ver que sale un camino ancho a la derecha, tomen por él, ese es el camino al parque, pero aún están a más de cincuenta kilómetros aun. Sí, sí, claro, lo sabemos tenemos uno de los viejitos que es baquiano, lo que pasa que le erró. Nos vemos!!! Gracias.
        Dimos vuelta otra vez sobre nuestros pasos y encaramos esa distancia que nos habían determinado, poco después hallamos el camino perdido. Ahhh este sí que es el camino, respiró aliviado Antonio, estoy en paz por más que me den con un caño. ¿Quién, nosotros? Naaaaaaaa… fue el único aporte de Beto LU7HA en todo el viaje.
        Si bien la noche no daba lugar para mucho, a lo que se sumaba que viajábamos bajo un robusto y tupido bosque de varias especies arbóreas, percibíamos que el camino tenía mucho que mostrar cuando la luz del día lo alcanzara. Estaba muy bien mantenido, por lo que circulábamos a regular velocidad, las curvas se continuaban una detrás de otra y hacían que los faros de los vehículos iluminasen a cada momento ese manto verde que cubría todo. En un momento, Antonio pidió que detuviéramos la marcha y que por unos minutos parásemos los motores, escuchen dijo, allá abajo corre el río; escuchen ese sonido es maravilloso. Y verdaderamente lo era. Solo había que poner empeño en imaginar cómo sería ese lugar ahí cerquita, para que el corazón se acelerase.
        Pasamos por muchos detalles geográficos, acantilados, bosque cerrado, vados de piedra, cascadas pequeñas y de las otras, arroyuelos susurrantes y otros tanto más. Hasta que en un momento y triunfante, feliz y muy muy satisfecho otra vez Antonio habló. Habló y dijo: Amigos míos, formalmente y en nombre de mi hijo Ariel, les doy la bienvenida al Parque Nacional Los Alerces. Habíamos llegado al fin. Bueno, un decir, porque aún restaban como treinta kilómetros más.
        Lo que pasó es que en ese momento en que dejo fluir su alegría, Antonio había pasado por debajo de gran pórtico del acceso sur al parque. Tras él y a solo unos segundos de distancia, hicimos lo propio el resto de la comitiva. La diferencia fue que nosotros, más jóvenes claro, si hicimos usufructo del lugar. Nos detuvimos unos metros más adelante y en medio de la espesa obscuridad de ese domingo cinco de noviembre de dos mil diecisiete; nos sacamos unas hermosas fotos junto al cartel de ruta. Queríamos retratar el momento único que Dios nos permitía vivir.
        Poco después y mientras seguíamos andando otra detención nos alertó. Se habían encendido por mucho tiempo las luces de stop y eso nos llamó la atención. Pregunte vía radio ¿Todo bien Antonio? Siiiiiiii, claro, todo re bien, fue la respuesta. Es que paré par que pudiéramos disfrutar de este hermoso sitio. Cuando lleguen lo verán. Una cascada que salió de su cauce y pasa sobre la ruta, pero es tan clara el agua que aún en la noche se puede ver. Paren Uds. también. Y claro que así lo hicimos, era una belleza única e irrepetible. Con Gustavo nos quedamos mirándonos, no podíamos dar crédito lo que teníamos a nuestros pies, el agua corría desenfrenada en un torrente que poco más allá, a la derecha nuestra; caía al lago. A la izquierda entre grandes troncos de viejos árboles, un celestial manto blanco bajaba desde lo alto. Salpicaba, mojaba, buscaba su lugar, emprendía una lucha sin cuartel con las rocas que sobresalían del cerro. Luchaba por seguir. Esa cascada fue sin dudas, la frutilla del postre en esa noche. Nos merecíamos eso, sin duda.
        Arrancamos otra vez y Gustavo agarrando el micrófono, interrogó a Carlos LW4HCL porque aún no se movía. No podemos, respondió. Estamos bebiendo este elixir de vida. El Roberto se agachó con un vaso y estamos tomando agua fría de la cascada, y todo sin bajarnos channnnnn!  ¿Cómo no se nos ocurrió a nosotros?
        Poco después y cuando los relojes marcaban las 00:05 hs. del Lunes 06 de noviembre de 2017, arribamos a destino y nos detuvimos en la casa del Intendente del Parque Nacional Los Alerces. Si bien como dije él no estaba, si nos recibió su familia, quién prorrumpió en vítores de alegría y felicidad al vernos. Al fin llegaron estábamos empezando a preocuparnos por Uds. Se cumplían entonces doce horas ininterrumpidas de marcha, desde que abandonamos a mi Kangoo en Picún Leufú. Pero aquí estábamos, todos felices, y contentos.
        El hijo de Ariel, nos acompañó a la cabaña para huéspedes que nos habían asignado y nos abrió las puertas. Están en su casa dijo y se retiró a dormir. Nosotros aún teníamos mucho por hacer.
        Chicos!!! Dije cansado pero aún con ganas. Algo, aunque sea poco debemos comer, hace horas que no ingerimos nada y debemos hacerlo. Tenemos todos, pastillas para tomar. Bajemos algunas cosas, solo lo necesario, el resto puede esperar hasta mañana. Busquemos los víveres y la caja de condimentos, algo rápido hago mientras nos acomodamos. Y así hicimos, bajamos algunos petates solamente, lo necesario para dormir e higienizarse y la añorada caja con “las cosas” que siempre tenemos a mano. Puse una olla a hervir y al lado un jarro. Busque entre las cosas y saqué mostacholes, manteca, unas sopas y queso rallado. Así que en poco más de veinte minutos dimos cuenta de un caldo de verduras y  fideos con manteca.
        Cada uno hizo lo que tenía que hacer, llamó a casa, avisó del arribo en total seguridad, fue al baño, respiró el aire fresco de la noche y descorchamos un vino para mojar los labios. La cena duró menos que un abrir y cerrar de ojos, para cuando me levanté a prepararme y preparar un café, la mitad de los comensales habían puesto sus pies en polvorosa. Solo Carlos y Gustavo me dieron el Ok. Y tomaron el negro menjunje de parados nomás.
        Cuando ingresamos cada uno se había ubicado según las fuerzas para seguir caminando. Beto y yo, en la habitación uno, Gustavo y Carlos en la cuatro. Roberto, exquisito como siempre, dejó para más tarde la elección dado que las habitaciones a las cuales había encarado, estaban ocupadas por sendos Guardaparques que habitaban la cabaña. No sabemos porque, pero renegado del mundo, no quiso compartir con nadie la pieza y más desfalleciente que despierto, agarró un colchón, su bolsa de dormir y dejándose caer ¡muy muerto! Dijo, hasta mañana viejito, no doy más.